Federico y Berta, unidos en un poema.

Hace 20 años, un 27 de octubre de 1998, me preparaba junto con mis colegas de la Compañía “Hubert de Blanck” para mi primera gira artística al extranjero, rumbo a España. Viajábamos con 2 puestas teatrales de la maestra y directora Berta Martínez: “La Casa de Bernarda Alba” y “Bodas de Sangre”, en saludo al centenario del poeta granadino Federico García Lorca. En aquellos años Berta supo mostrarme su pasión por Federico, la esencia metafórica de su poesía social que tanto caló su época, y lograrla hacerla mía. Una prédica lorquiana, usada en una de sus puestas, siempre me acompaña en mi labor como artista y poeta:

(El artista debe llorar y reír con su pueblo.Hay que echar el ramo de azucenas y mojarse de fango hasta la  cintura para ayudar a los que buscan las azucenas…)

Vísperas de aquella aventura teatral, escribí uno de mis primeros poemas, dedicado a Berta Martínez y como respuesta al conocido poema de García Lorca “Son de los negros en Cuba”. Este 27 de octubre, tras el adiós de la maestra Berta Martínez, vuelvo a retomar este poema homenaje.

CONTESTA-SON A MI COLEGA FEDERICO.

                                                      (A la maestra Berta Martínez,  que cada día nos inculca

                                                       ese universo virtual de la creación: el TEATRO.)

Cuando salga la luna llena

Iré a Granada, tu tierra;

iré a Granada,

en un coche de aguas negras.

Iré a Granada,

valle mojado por las fuentes de Sierra Nevada.

Iré a Granada,

sombra muda de tu pasión gitana.

Iré a Granada,

cuando aún voces de muerte resuenan

cerca del Guadalquivir.

Iré a Granada.

¡Ay, Federico García

te llama la Guardia Civil!

Iré a Granada.

Luna llena, noche blanca,

negros disparos, fruta muerta. 

 

¡Oh, Granada! ¡Oh, ciudad de gitanos!

Iré a Granada.

¡Oh, morena! ¿Quién te vio y no te recuerda?

Iré a Granada.

¡Oh, Cuba! ¡Oh, ritmo de semillas secas!

Iré a Granada.

Siempre dije que tú volverías a Santiago

en un coche de agua negra.

Iré a Granada.

Siempre dije que yo cruzaría tu huerta solitaria

en la Vega de Granada.

Iré a Granada,

donde con un cuchillito, en un día señalado,

se mataron los dos hombres del amor.

Iré a Granada,

donde en un oscuro rincón, a las cinco de la tarde,

el llanto limpió la tumba del torero escritor. 

Iré a Granada,

donde la madre-actriz ingente,

ante el cadáver y el público, exclamó:

“-¡Han matado a mi hijo!-”.

Iré a Granada,

Iré a Granada, tu tierra;

en tu busca, mi fiel Federico, el poeta.

¡Iremos a Granada!

 

Nevalis Quintana Fernández

                                            (Derechos Reservados)

 

 

 

 

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