Julio Cortázar conserva su casa en La Habana.

Julio Cortázar conserva su casa en La Habana.

Julio Cortázar en La Habana.

Julio Cortázar en La Habana.

El padre de los cronopios, un argentino de estatura colosal y mente aún más expandida, también tiene su casa en La Habana, aunque muchos lo consideran un autor afrancesado, un latinoamericano apegado a lo europeo.

Según escribió una vez el intelectual Roberto Fernández Retamar, Julio Cortázar dijo que «aunque nació por azar en Bruselas, es por supuesto argentino; y desde 1959 tiene también otro país: Cuba».

La frase puso a los de la Isla «estrepitosamente contentos» y durante su segunda visita a esta nación, los periodistas asediaban al narrador, la gente lo paraba en la calle, lo visitan al hotel, contó en una carta el actual Presidente de Casa de las Américas.

Esa institución le abrió las puertas y acogió su obra y su pensamiento audaz, allí conoció a otros prestigiosos autores de su generación y comenzó a interesarse un poco más por la realidad política latinoamericana.

Tan solo dos años después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, Cortázar realizó su primer viaje a la Isla y luego confiesa que en esa visita descubrió su gran vacío político del momento: «Desde ese día traté de documentarme, traté de entender, de leer».

Para feliz casualidad, el mismo año de la publicación de su novela Rayuela, en 1963; participó como jurado en el premio literario Casa de las Américas.

Este año le dedicaron la edición 56 de ese concurso y la institución llenó sus espacios con la exposición Cortázar-Cuba. Cartas cruzadas.

Fotografías, fragmentos manuscritos de sus obras y grabaciones de sus conferencias formaban parte de esa exhibición, que mostró la estrecha relación del escritor argentino con sus colegas de esta nación caribeña.

Además, cada año Casa de las Américas, junto al Instituto Cubano del Libro, el Ministerio de Cultura de Argentina y la Fundación Alia, auspicia un certamen con su nombre, dedicado a promover la creación literaria.

El Premio Iberoamericano de Cuentos Julio Cortázar, entregado precisamente en la fecha de su cumpleaños, permite recordar su ejemplo moral y compromiso con causas justas en América Latina, señaló el asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba; Abel Prieto.

UN HOMBRE GRANDE, DE IDEAS ALTAS.

Julio Florencio Cortázar nació el 26 de agosto de 1914 -pocos días antes de la invasión alemana a Bélgica- en la embajada de Argentina en Bruselas, lo que el propio escritor calificó como «producto del turismo y la diplomacia».

En ese país vivió muy escaso tiempo pues su familia decidió mudarse a Suiza para esperar el fin de la Primera Guerra Mundial. A los cuatro años, ya vivía en Buenos Aires, ciudad natal de sus padres, Julio Cortázar y María Herminia Scott.

«Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás», expresó una vez al rememorar sus años de niño enfermizo.

Como el padre abandonó a la familia, la madre asumió el cuidado de sus dos hijos: Julio y Ofelia crecieron en un suburbio bonaerense al amparo de varias mujeres de la rama materna.

El asma, múltiples fracturas y sus frecuentes enfermedades lo mantenían largas temporadas en cama y rodeado de libros.

Dicen que a los nueve años ya había escrito una especie de novela y la familia dudaba de la autenticidad de su autoría, incluso consideraban plagios algunas creaciones de su genio infantil.

Aunque Cortázar estudió en la Escuela Normal de Profesores y se dedicó a esa profesión para sacar a su madre y a su familia de apuros económicos, jamás abandonó su pasión: la literatura.

En 1938 publicó -bajo el pseudónimo de Julio Denis- su primera colección de poemas titulada Presencia. Más tarde sintió alivio de que aquel título fuera «felizmente»olvidado.    Bestiario, su primer libro de cuentos, contiene piezas que fueron consideradas luego obras maestras de ese género, aunque sus primeros ejemplares circularon sin muchas penas ni glorias.

Amante de los gatos, el jazz y el boxeo, aseguraba que una novela debía ganar por rings y el cuento por knockout.

Tras obtener el título de traductor público de inglés y francés, le otorgaron una beca y logró finalmente uno de sus sueños de muchacho: viajar y establecerse en París.

De hecho, algunos críticos lo consideran un escritor «afrancesado» y fue precisamente en la ciudad de las luces donde nacieron varias de sus grandes obras.

Una de las más recordadas y elogiadas, su novela Rayuela, rompe con la estructura convencional de la narración y da varias opciones al lector para escoger su camino en la lectura, no solo de manera lineal.

La fórmula causó furor en el mundo literario y hasta sorprendió a su autor.

Incluso una vez confesó: «Escribía largos pasajes de Rayuela sin tener la menor idea de dónde se iban a ubicar y a qué respondían en el fondo (…) Fue una especie de inventar en el mismo momento de escribir, sin adelantarme nunca a lo que yo podía ver en ese momento».

El 12 de febrero de 1984, la leucemia escribió el capítulo final de la vida de este genial argentino de rostro eternamente joven y siempre visible en la multitud, con su 1,93 de estatura.

Al irse, dejó a La Maga sin él y sin Horacio Oliveira, llorando desconsoladamente en glíglico y escribiendo rayuelas sobre su tumba en el cementerio de Montparnasse.

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Escritor chileno recibe Premio Julio Cortázar 2015 en La Habana.

 

 

Con el título Quillas como espadas, el escritor chileno Oscar Barrientos Bradasic se hizo ganador de la decimocuarta edición del Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, entregado este miércoles en el capitalino Centro Cultural Dulce María Loynaz, en ocasión de cumplirse 101 años del natalicio del autor de Rayuela.

 

Un jurado integrado por la narradora argentina Tununa Mercado, así como por los cubanos Zaida Capote y Rogelio Riverón elogió la elegante soltura con que el relato, marcado por una trama inusual, emplea imágenes tan ambiciosas para conseguir una atmósfera que se mueve entre el ensueño y la vigilia.

 

Florencia Lagos, agregada cultural de la embajada chilena en La Habana, recibió el Premio y dio lectura al mensaje enviado por Barrientos Bradasic, quien  agradeció un reconocimiento que  se entrega en Cuba, “país que ha hecho tanto por la autoestima de los latinoamericanos” y que lleva el nombre de Julio Cortázar, al que definió como  “una apuesta al infinito y al sueño de transformación social”.

 

El jurado decidió asimismo otorgar una primera mención al cuento titulado Grand  Slam, del cubano Atilio Caballero y menciones a Escucha al pájaro mosca del también cubano Carlos Esquivel Guerra, así como a El espantapájaros, del boliviano Rodrigo Urquiola Flores; La otra cara, de Liliana Allami; Como si estuviera sucediendo, de Horacio Martín Rodio y El último cuento sobre mi hermana, de Irma Verolín, todos ellos de nacionalidad argentina.

 

La ocasión fue propicia para que Abel Prieto Jiménez, asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros; Juliana Marino, embajadora de Argentina en Cuba y la escritora Tununa Mercado, allí presentes, rememoraran la trascendencia de la obra del Cronopio Mayor y la vigencia de su ideario en la actual coyuntura que vive Latinoamérica.

 

También asistieron a la ceremonia de entrega del Premio el Dr. Miguel Barnet, su presidente de honor y Zuleika Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro,  junto a otras personalidades de la cultura.

 

Surgido en 2002 a partir de una idea de la intelectual lituana Ugne Karvelis, última esposa de Cortázar, el concurso es auspiciado anualmente por el Instituto Cubano del Libro, Casa de las Américas, el Ministerio de Cultura de la República Argentina y la Fundación ALIA.

 

Todas las obras en él reconocidas serán publicadas en un volumen que verá la luz en febrero de 2016 durante la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana, bajo el sello de la Editorial Letras Cubanas.

 

(Tomado de Cubarte)

Julio Cortázar junto a José Lezama Lima y Chinolope

Julio Cortázar junto a José Lezama Lima y Chinolope

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Quiero matar esta tarde.

Quiero matar esta tarde.

 

Quiero matar esta tarde

para que nos alumbre la noche

y poderme, así, bañar en tu desnudez.

Navegar en cada puerto de tu frágil cuerpo,

explorar el tesoro que escondes bajo de ti.

Escalar con caricias tu cordillera espinada,

alcanzar a besos su roja cima del placer.

Hundirme en este volcán

que nos sofoca en el loco éxtasis;

penetrándote hasta lo infinito,

perdido, tras los labios de tu orgásmica caverna,

donde brota, con el semen regador,

 la cópula orquídea de la vida.

Y volverte a encadenar en mis brazos

 para que no huyas,-¡ oh, maja desnuda!,

de mi mojado lecho;

aunque ya la noche se apague

y tenga que intentar, otra vez,

asesinar nuestra tarde.

foto 3

    Nevalis Quintana Fernández

                                            (Derechos Reservados).

 

 

 

 

 

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Cine Cubano-Fátima en la piel de Enriquito Almirante

Fátima en la piel de Enriquito Almirante

El joven actor Carlos Enrique Almirante comparte sus impresiones acerca del personaje principal que encarna en Fátima o el Parque de la Fraternidad, la más reciente entrega de Jorge Perugorría como director, que se exhibe en las salas de estreno del país.

Entrevista porJaisy Izquierdo del periódico “Juventud Rebelde”.

Siempre pensó en ser actor: «desde chiquitico», advierte el joven Carlos Enrique Almirante. Recuerda que en una de las tantas ocasiones en que acompañaba a un ensayo a su papá, el querido Enrique Almirante, premio nacional de Televisión; le propusieron que interpretara un papel en las aventuras El dragón mambí, y no se lo pensó dos veces.

«Fue un mundo que se abrió de casualidad ante mis ojos. Solo tenía 11 años y, desde entonces, me sumergí de lleno en esta profesión en la que he podido participar en más de 20 filmes, compartiendo varios protagónicos», recuerda.

Carlos Enrique Almirante en la serie "Dragón Mambí"

Carlos Enrique Almirante en la serie “Dragón Mambí”.

Resume así la suerte de haber participado en numerosas películas criollas como Perfecto amor equivocado, de Gerardo Chijona; Lisanka, de Daniel Díaz Torres; Habana Eva, de Fina Torres; Ciudad en rojo, de Rebeca Chávez; Marina, de Kiki Álvarez; y junto a Fernando Pérez primero en Madrigal y recientemente en La pared de las palabras. Mientras con su naturalidad histriónica se nos colaba en la pequeña pantalla en aventuras como Enigma de un verano, la novela Al compás del son, como conductor  en programas musicales o de participación al estilo de A moverse, y en los gustados programas Punto G, Tras la huella, o Jura decir la verdad.

Pero Carlos Enrique asegura que a lo largo de su carrera, fructífera a sus 32 años, ningún papel le ha dado «tanto trabajo» como el de Fátima. Aunque cuando lo dice, pareciera que la alegría que relumbra en sus ojos le desmiente: pues la faena de ponerle piel y alma a un personaje se convierte para él en un disfrute infinito que se le sale por los poros.

Fátima o El Parque de la Fraternidad, dirigida por Jorge Perugorría e inspirada en el relato homónimo del escritor Miguel Barnet, llegó para darle un giro a su carrera al poner en sus manos el papel de Manolito, un muchacho que ha de convertirse en Fátima, la reina de un cabaré de travestis.

«Deseaba desde hacía rato hacer un personaje así, con todas las complejidades que trae consigo elaborar y apropiarse de un papel como este. Fue un mes en el que casi me vuelvo loco entre tantos ensayos, durmiendo con unos tacones al lado de la cama, y sobre todo aprendiendo de ese mundo, sus luces y sus sombras, compartiendo con ellos en el camerino, enfrentándome al público que frecuenta ese tipo de cabaré.

«A Fátima he tratado de construirla lo más mesuradamente posible, manteniendo a raya todos los “caballos” que tenemos por dentro los actores, y sobre todo me preocupé por diferenciar esas etapas que atraviesa Manolito, desde que era un jovencito hasta el momento en que se convierte en Fátima, lo cual resulta muy interesante desde el punto de vista actoral», explica.

No menos compleja fue la asimilación externa de este hombre que se traviste primero por las exigencias de su amante y luego por el placer de realizarse como artista.

La rutina preparatoria se traducía en «muchas horas de maquillaje y peluquería, para luego andar con este calor de La Habana con unas mallas puestas o una peluca larga suelta, además de tener que afeitarme hasta dos veces al día», exclama y se acaricia casi con alivio la barba. Entonces me responde a modo de moraleja: «Ahora entiendo de verdad a mi novia cuando me dice “me demoro una hora más”».

Carlos Enrique en el personaje de Fátima.

Actuar por siempre

El retorno de Perugorría al plató para recrear a un personaje tan similar al Diego de Fresa y Chocolate que lo catapultara a la fama internacional; resultó ser para Almirante un punto de apoyo.

«A Pichi le agradeceré siempre la confianza y la comunicación. Que él hubiera pasado por una experiencia parecida, 20 años atrás, me sirvió de referente y de alivio. No obstante, Diego y Fátima, son muy distintos entre sí, aunque hay momentos en que pueden guardar cierta similitud, sobre todo durante el período en que Manolito aún no es travesti pero asume su identidad sexual ante la sociedad que lo recrimina. Yo traté de hacer mi versión, como él hizo la suya», explica Almirante, quien se siente feliz de que su desempeño haya acaparado la atención de muchos, después de la presentación de la cinta durante el pasado XXXVI Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

«No esperé que tuviera tanta acogida por el público, desde los más grandes hasta los más pequeños me saludan como Fátima en la calle, y eso que esta no es una película hecha precisamente para niños… Pero creo que se ha convertido en un personaje de todos», aclara con evidente complacencia.

Aunque declara que le hubiera gustado contar especialmente con un aplauso que presiente, silencioso: «Me hubiera encantado que mi papá hubiera podido ver este trabajo. Mi actuación se la dediqué a él. Verlo sentado en la sala de cine y saber sus impresiones hubiera sido maravilloso. Yo creo que si le hubiera tocado hacer este papel, él lo habría hecho igual», expresa sin ocultar la profunda admiración que su padre le inspira.

Aprovecho para conocer sobre sus próximos trabajos y esos otros proyectos con los que fantasea. El joven actor adelanta que se encuentra realizando el sueño de llevar a la pantalla grande las aventuras de Mario Conde, ese famoso investigador policial de las letras cubanas creado por Leonardo Padura.

«Yo interpreto a Manuel Palacios, el otro policía que trabaja directamente con el Conde, que precisamente interpreta Jorge Perugorría. Estoy superorgulloso de formar parte de ese elenco en el que comparto con muchísimos actores cubanos como Coralia Veloz y Néstor Jiménez, y que dirige el español Félix Vizcarret, quien ya ha ganado dos premios Goya».

Cuando termine con este proyecto, del cual saldrán una película y una miniserie de cuatro capítulos basados en la tetralogía formada por los libros Vientos de Cuaresma, Pasado perfecto, Máscaras y Paisaje de otoño, Almirante solo desea entregarse a nuevas experiencias en la escena.

Para él lo maravilloso de esta profesión radica en la posibilidad de vivir diferentes vidas: «Mira, —me dice—, durante dos meses fui travesti, tal vez mañana pueda ser un asesino en serie… ¿Quién sabe? Me faltan tantos personajes… Solo espero que los que vengan sean bien difíciles, como Fátima. Esos son los que me gustan».

http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2015-08-22/fatima-en-la-piel-de-enriquito-almirante-/.

(TOMADO DEL PERIÓDICO “JUVENTUD REBELDE”)

 

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Tarde con Eduardo Galeano en el Año del Fin del Mundo

 

TARDE CON EDUARDO GALEANO EN EL AÑO DEL

FIN DEL MUNDO.

Tarde.

Enero 2012.

Año que los poderosos, culpando a los mayas, anuncian el Fin del

Mundo.

(¿O será que estos pobres obreros indígenas de milenios pasados

profetizaban una Gran Rebelión?).

La prensa informa que será presentado un nuevo libro del escritor

uruguayo Eduardo Galeano, invitado a Cuba:

¨Espejos. Una historia casi universal¨.

Lugar: Casa de las Américas. Su casa, nuestra toda.

Empapado por el calor tropical, llego.

En mis manos otro texto: ¨Patas Arriba. La escuela del mundo al revés,

adquirido en batalla campal.

Ansío el autógrafo del autor.

Una larga fila de personas rodea la mansión.

A mis espaldas alguien pregunta: -¿El último para Galeano?

Es la típica expresión del cubano en las colas del día, sea en una bodega

de alimentos o a la espera del ómnibus.

El escritor hubiese reído ante tal comparación.

Penetro en la sala, ya abarrotada.

Otros no pueden y quedan fuera del recinto.

Tomo una silla. Observo a mi alrededor.

En un rincón los conocidos de siempre: Abel, Retamar, Pablo Armando,

Eusebio, otro, otros… También un compatriota suyo, periodista con ojo

pirata, que vino a verlo desde la patria de Bolívar. Es Walter.

Aparece el Escritor.

Aplausos y vítores, como una estrella de cine o de rock.

El presidente de Casa presenta el libro.

-¨Estoy empezando a dudar que alcancen ejemplares…¨-reflexiona.

Seductor de la Palabra, el Escritor nos hechiza con la lectura de sus

Espejos. Entre risas y sonrisas, nos desdibuja con pícara ironía la historia

¨oficial¨ de la humanidad.

Un canal de Internet trasmite, segundo a segundo, su verbo.

El Silencio rodea la sala. Nadie percibe la presencia fantasma del

Guerrillero de boina estrellada que escucha ¨El nacedor¨.

Quizás porque aquella sala también lleva su nombre: Che Guevara.

En pocos minutos, fuimos otros.

Tal como llegó, el Escritor y su sonrisa escapan por el pórtico.

Quiero capturarlo. Imposible. Quedo con ganas de tener su firma y

apretarle la mano.

Otra vez, en batalla campal, logro atrapar sus Espejos.

Abro la página y la enigmática sonrisa de aquel Escritor que hoy, 3 años

después, parte a la Inmortalidad, me sacude.

eduardo galeano

Foto: Eduardo Galeano y Roberto Fernández Retamar.

 

Nevalis Quintana Fernández.

14 de abril de 2015.

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Discúlpame

DISCÚLPAME.

 

Discúlpame,

si mi mirada atrevida desnudó tu rostro,

si mi seminal pupila besó tus labios,

si mi profundo iris fornicó con la retina de tus ojos,

si mi vista telúrica estremeció tu cuerpo.

Discúlpame,

te ruego mil disculpas.

Yo, sólo, quería poseerte.

foto 2

      Nevalis Quintana Fernández

                                            (Derechos Reservados).

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Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda.

Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda.

pablo 1

 

Podemos afirmar que Neruda (su formidable poesía) llegó temprano a Cuba, igualmente, aunque no se haya hecho mucho énfasis en ello. Nada menos que en 1925, la importante revista habanera Social publicó el número 8 de los 20 Poemas de amor y una canción desesperada…

 

Mucho agradezco la invitación a participar en este necesario y justo homenaje a Pablo Neruda en su centenario, del Festival Internacional de Poesía Proyecto Cultural sur, y mucho más me complace participar, ofreciendo algunas primicias de mi libro Pablo Neruda en Cuba y Cuba en Pablo Neruda, aún en proceso, y relativos a la primera visita a La Habana en 1942, hace solamente sesenta y dos años.

 

Afortunadamente, tenemos elementos de primera mano para saber cómo fue que llegó a Cuba al poeta, en su infancia, y se consolidó en su juventud. Lo confesó Neruda en una bella crónica que envió en 1950 al Diario habanero Hoy, bajo el título Recuerdos de La Habana, de la que es esta síntesis. Después de expresar que “La Habana era para mí una caja de tabacos”, y describir el paisaje austral de su niñez:

 

“Pasaron los años que me condujeron por el mar a otros sitios, a otros puertos, a otras desembocaduras. En Batavia, en Java, en largas conversaciones con un cubano fue precisándose para mí la bella ciudad que todavía perduraba en mi corazón. Fue un cubano llamado Gustavo Enrique Mustelier quien me predicó la habanidad y me hizo hijo predilecto, aunque desconocido. Este Mustelier que, aunque con el pelo totalmente blanco debe vivir aún, enérgico y patriota en alguna casa llena de flores del Vedado, fue entonces, en el año 1930, con su bastón con cachas de marfil y sus camisas de gruesas rayas, en las que yo admiraba sus mascuernos y alfileres en forma de herraduras, fue para mí, además de un admirable amigo, la imagen del elegante de La Habana, hombre de inagotable repertorio y de rigurosa conducta”.

 

Y proseguía la emotiva evocación:

 

“Como no teníamos nadie más con quién hablar en nuestro idioma, con Mustelier recorrimos calles y casas y él me ilusionó con esas champolas de guanábanas que iban a ser realidad alguna vez para mí en la casa de Augier y la de Fernández de Castro. Como yo, hombre austral, era más callado que Mustelier, o mucho más callado, en cerca de dos años de compañía quedé yo mucho más ilustrado sobre los sabores y los cielos, el café y la política habanera de aquellos tiempos de lo que él de mí supiera de mi oasis”(…)

 

Sí fue así como Cuba llegó a Neruda, podemos afirmar que Neruda ‘(su formidable poesía) llegó temprano a Cuba, igualmente, aunque no se haya hecho mucho énfasis en ello. Nada menos que en 1925, la importante revista habanera Social publicó el número 8 de los 20 Poemas de amor y una canción desesperada, tomada de la revista argentina Proa, cuya semblanza del poeta también reproduce.

 

En 1927, se repitió la presencia de Neruda en la misma revista Social, que incluyó un “Panorama intelectual de Chile”, por el crítico peruano Serafín Deimar, quien asegura, entre otros elogios, que “Pablo Neruda es en Chile quien marca en el arte poético la ruta de los nuevos”.

 

Y por su parte, el famoso Suplemento Literario del Diario de la Marina dirigido por José Antonio Fernández de Castro, también en 1927, reprodujo tres poemas nerudianos, titulados “Farewell”, “Playa del sur” y “Hoy es el cumpleaños de mi hermana”, con semblanza donde se asegura que “ser un gran poeta moderno como Neruda es muy difícil”

 

.Entonces, en una situación de constante crisis política y de inquietudes revolucionarias, no parece haber tenido mucho eco general esas primeras menciones en Cuba de un nuevo gran poeta chileno, pero en definitiva constituyen antecedentes de indudable trascendencia.

 

Es notorio que la fama universal de Neruda comienza en el Madrid de la República Española, cuando se estrena la hazaña lírica de Residencia en la Tierra, a través de los Tres cantos materiales incluidos en el Homenaje a Pablo Neruda de los poetas españoles de la generación de 1927 y de promociones posteriores, editado en 1935 como avance de la Residencia de las ediciones El Árbol de la Revista Cruz y Raya. Juan Marinello le dedicó un entusiasta ensayo en la revista Orto, que expresó la fuerte impresión que a todos nos hizo en Cuba aquella poesía.

 

Después, vinieron los años terribles de la heroica defensa de la República en España, la identificación de Neruda con las luchas del pueblo español (expresada en el verso vibrante y atormentado de España en el corazón), y su capital participación en el Congreso Internacional en Defensa de la Cultura, en medio de la criminal agresión fascista, allí se forjó la estrecha amistad del gran poeta chileno con los escritores cubanos presentes en aquella batalla de las ideas: Juan Marinello, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier y Félix Pita Rodríguez.

 

Tanto Marinello como Guillén nos trajeron la devoción cubana de Neruda su sueño infantil y juvenil, su curiosidad por conocer la champola de guanábana, y todos quedamos pendientes de esa futura visita, cuya posibilidad se acercó cuando el poeta llegó a México en 1940, como Cónsul General de Chile. Hay copiosa correspondencia sobre ello, pero no fue posible hasta el 13 de marzo de 1942, la visita de Pablo Neruda a Cuba, acompañado de su esposa Delia del Carril.

 

Tuve la suerte de acompañar a Marinello y Guillén a darles la bienvenida sobre el vapor procedente de Veracruz que los trajo al puerto habanero, y de acompañarles hasta su hospedaje en el hotel Packard, punto histórico y estratégico de la ciudad: el Paseo del Prado, vecino del Castillo de la Punta y del imponente paisaje marino del Malecón, en la misma línea fronteriza de La Habana Vieja y la moderna urbe.

 

La acogida cordial de Pablo y la Hormiguita me animó a visitarles la tarde siguiente al día de la llegada, y él accedió a mi sugerencia de conocer el pintoresco entorno urbano que mucho le complació. Cuando íbamos de vuelta, se nos unió José Antonio Fernández de Castro, secretario de la embajada de Cuba en México, que disfrutaba de vacaciones en La Habana. Pablo nos invitó a un trago en un bar del camino. De pie, en la barra, ellos pidieron ajenjo, y yo, poco dado a tragos, opté por una modesta cerveza. Pablo, sentenció con su voz profunda y tono salmodiante:

 

—Ángel: de vez en cuando viene bien un ajenjo…

 

Después de la risa de todos, prosiguió:

 

—Cuando yo tenía que terminar mi “Canto para Bolívar”, en México, a pocas horas del acto donde debía leerlo, no acertaba a terminarlo. Acudí a una copa de ajenjo, y pude terminarlo felizmente…

 

Cuando cesaron las risas, le respondí:

 

—Bueno, ya sé la receta para cuando me vea en semejante caso…

 

Esta primera visita cubana de Neruda, fue a invitación de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación, a cargo del eminente polígrafo José María Chacón y Calvo para ofrecer un ciclo de tres conferencias en el Seminario de Investigaciones Históricas, con el siguiente temario:

 

1 – Viaje del tiempo y del océano, lunes 23

 

2 – Viaje a la luz de Quevedo, jueves 26

 

3 – Viaje a través, de mi poesía, sábado 28

 

Fueron ofrecidas las conferencias en el salón de actos de la Academia Nacional de Artes y Letras, instalada en el que fuera edificio del Colegio de Belén, en La Habana Vieja, con asistencia de un público ilustrado, ávido de conocer al gran poeta, al que rindió sincera admiración. La prensa habanera, con explicables excepciones reflejó el acontecimiento. Yo escribí crónicas para el diario Hoy.

 

Varias instituciones ofrecieron homenajes a Neruda, entre ellas el Frente Nacional Antifascista, con una conferencia de Juan Marinello sobre su poesía; la Unión Juvenil del Centro Popular hebreo, con una conferencia del poeta Félix Pita Rodríguez sobre Residencia en la Tierra. El Departamento de Cultura y Turismo del Municipio de La Habana, en el gran salón del Palacio Municipal, con un concierto de la Banda Municipal dirigida por el eminente maestro Gonzalo Roig, y lectura de poemas por Neruda, después de ser presentado por Nicolás Guillén.

 

El homenaje más íntimo y pintoresco, casi familiar, rendido entonces a Pablo Neruda, fue el de los poetas, escritores y artistas, en la noche del 15 de abril, una comida de despedida, de la que ha quedado recuerdo en sencillo impreso que simula la portada de libro, hecho en su famosa imprenta La verónica por el inolvidable poeta impresor español Manuel Altolaguirre —refugiado entonces en La Habana— con el ¡indispensable texto del menú: PAELLA / PARA NERUDA / Poema / En un plato; y una ensalada /Postre, pan y café / Fonda de La Victoria / La Habana, abril 15 de 1942.

 

“La Victoria” era una excelente fonda especializada en comida española, situada en la Plaza de San Francisco, La Habana vieja.

 

Una de las grandes satisfacciones de Neruda en La Habana fue la visita que hizo, acompañado de Nicolás Guillén, al eminente malacólogo don Carlos de la Torre, quien obsequió al gran poeta visitante una valiosa colección de polimitas, caracol cubano que él descubrió. En mi libro, reproduzco la deliciosa crónica de Guillén de este encuentro del poeta con el científico, escrita al ocurrir el fallecimiento del sabio cubano.

 

Por último, debo recordar la inolvidable visita de Pablo y la Hormiguita a mi casa, invitados por mi esposa Corina Calderín a probar la champola de guanábana que tanto añoraba el cónsul cubano en Java, y que él deseaba conocer. Gustamos del delicioso néctar frutal en aquel primer piso de Lealtad y Condesa, donde celebraron a nuestras hijas Alba Rosa y Gisela, de casi tres años la primera y de poco más de un año la segunda. Al degustar el pulposo refresco, expresó Pablo:

 

—Justifico plenamente a mi amigo Mustelier por su gran nostalgia de la champola de guanábana, que es un sensacional refresco tropical.

 

Esto lo dijo, mientras me dedicaba libros suyos que encontró en mi biblioteca. A un ejemplar de los Veinte poemas de amor, escribió al reverso de la cubierta: “Querido Augier: cuánto me ha servido este libro pirateado. Salud. Pablo”, con dibujos de barcos y pajaritos. Ya había escrito en la portada: “Para Ángel Augier, Con un abrazo de Pablo Neruda.

 

Ángel Augier

Habana,1942, marzo”.

Pablo Neruda y Nicolás Guillén

 

(TOMADO DEL BLOG DEL ESCRITOR CHILENO LUIS EDUARDO AGUILERA GONZÁLEZ)

www.luiseaguilera.cl

Luis E. Aguilera
Presidente
Sociedad de Escritores de Chile (SECH),
Filial Región de Gabriela Mistral-Coquimbo
Fonos (56-51) 227275  Celular 90157729
luiseaguilera.57@gmail.com
luiseaguilera02@gmail.com
www.luiseaguilera.cl
La Serena – Chile

 

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Oración en el jardín de Getsemaní

ORACIÓN EN EL JARDÍN DE GETSEMANÍ

 

Niega que rezaste mi oscura presencia

En estas horas de silencio.

Niega que no invocaste mis ojos sobre los tuyos,

la yema de mis dedos escribiendo un poema en tus mejillas,

mis labios posados, bañando tu cuello.

Niega que no estuve contigo en el lecho, invisible,

Besando tu desnudo cuerpo.

Niégame, 3 veces más niégame.

Y el gallo cantará.

foto 1

    Nevalis Quintana Fernández

                                            (Derechos Reservados).

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Homenaje a Alina Rodríguez

Alina Rodríguez 2

El pasado 27 de julio dio su último adiós una de las actrices más populares de Cuba: ALINA RODRÍGUEZ. Actriz de teatro, cine y televisión, compartí con Alina una larga y grata amistad desde que trabajamos juntos en la Serie de Aventuras ¨Dragón Mambí¨ en 1995. Con ella disfruté momentos de alegrías  y algún que otro consejo profesional en mi labor teatral. Alina Rodríguez será para el pueblo la Justa de la Telenovela ¨Tierra Brava¨ y la profesora Carmela del filme ¨Conducta¨. Fue precisamente en la Gala de los Premios Caricatos 2014, cuando recibió el premio por esta película bajo una fuerte ovación, la última vez que conversamos juntos.

Sea este mi modesto homenaje a una gran amiga,

Nevalis Quintana Fernández.

Alina Rodriguez 3

 

¿Justa, qué estás haciendo?

Por: Paquita Armas Fonseca.

Alina Rodríguez

Alina Rodríguez en la película “Conducta”.

Creo que a Alina Rodríguez le hubiera gustado ver su imagen repetida y multiplicada en Facebook. Cubanos residentes en diversas latitudes colgaron su foto, generalmente sonriendo, y su pesar porque el cáncer de páncreas se la llevó en pocos meses. Y no cubanos también.

Una buena amiga posteó y luego de lamentar su deceso comentó que Alina estaba en su mejor momento, que después de María Antonia había hecho muy poco cine hasta Conducta. Es cierto: posteriormente a que Sergio Giral, en 1990, la vistiera del personaje basado en aquel que en 1964 bordara Eugenio Hernández Espinosa, la actriz no había tenido un papel que estremeciera a los cinéfilos, aunque siempre estuvo bien, con cortas apariciones, lo mismo en Chamaco de Juan Carlos Cremata que en Lista de espera con Juan Carlos Tabío.

¿Pero y sus incursiones televisivas y teatrales? Alina, la maestra que dejó sus estudios a la mitad, y luego se hizo técnica en Patología, fue capaz de matricular actuación en el Instituto Superior de Arte (ISA), cuando ya tenía un hijo de cinco años e, incluso, durante un curso se vio obligada a dejar su puesto laboral, porque le dieron ingreso en la enseñanza normal, no en la dirigida a los trabajadores. “Estuve trabajando en el Teatro Musical de Jefa de Sala, todo eso estando en el ISA. Lo que necesitaba era un salario”, dijo un tiempo atrás.

Su gran papel en el teatro le llegó con En el parque, del escritor ruso Alexander Guelman, luego de “caerle atrás” a Raquel Revuelta durante un buen tiempo. Cuando le dieron un chance enganchó esa actuación con Adolfo Llauradó y después protagonizó Contigo pan y cebolla, de Héctor Quintero, “un clavo ardiente lo que me dejaron, porque lo había hecho anteriormente y con un éxito total Bertha Martínez”, confesó a un colega.

La séptima familia fue una serie televisiva en la que valores estéticos y aceptación de los públicos caminaron de la mano, y Alina obtuvo una mención de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), por su desempeño actoral.

Casi todos los integrantes del elenco de Tierra Brava, telenovela de Xiomara Blanco, perdieron el nombre por el de los personajes que interpretaron; Alina ha seguido siendo Justa Quijano, como confesó poco tiempo atrás, a pesar de que nos rendimos ante Carmela, la maestra de Conducta y que le proporcionó a la actriz numerosos reconocimientos en Cuba y en el extranjero: el Premio Nacional de actuación Caricato, así como los premios a Mejor Actriz en el Festival de Málaga; en el Habana Film Festival New York; en el Festival Internacional de Cine Fine Arts Miramar, de República Dominicana; en el Festival de Goa, en la India; en la Mostra de Cinema Llatinoamericá de Catalunya, Barcelona, a la vez que fue reconocida como la mejor actriz latina del año por la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York.

Ernesto Daranas, director del reconocido filme, al recibir el Gran Premio merecido por Conducta en el Japan’s SKIP City International D-Cinema Festival dijo: “No es necesario que les diga que esta película es de Alina Rodríguez y de los niños de la clase de Carmela… Yo no la conocía personalmente, la admiraba desde lejos como cualquier cubano y soñaba con poder trabajar algún día con ella… Alina fue una síntesis excepcional de lo que somos como pueblo, y eso llenó de verdad y de sentido cada una de sus interpretaciones…” Y subrayó: “Para ustedes es Carmela, pero para los cubanos es Justa, María Antonia o Lala Fundora. Ella nos emocionó siempre a su antojo con su verdad y su talento…. Rebelde, alegre y honesta, así la recordaré siempre”.

Con el éxito de Conducta, Alina declaró “Quiero trabajar en mi país y para mi gente. En ese sentido no creo que haya perdido oportunidades. Tengo una carrera bonita, grandes satisfacciones… A lo mejor hubiese estado en otro país y fuera una más, entre tantos. No me voy de este país para nada, ni a servir copas ni nada. Mi carrera me costó mucho esfuerzo. Esfuerzos personales y no lo voy a tirar por la borda”.

La última aparición televisiva de Alina fue en la segunda edición del programa Con dos que se quieran dos. Consiguió algo difícil: apocó a Amaury Perez. Luego él me dijo: “Ella es telúrica, no tuve que preguntarle nada”. Entonces y en otras entrevistas María Antonia, Justa, Carmela, Lala… Alina confesó: “Nada es fácil: ni la televisión, ni el cine, ni el teatro ni la radio”.

Ese “tronco de actriz”, así la definió otro tronco de artista, Consuelo Vidal, nunca aspiró a hacer un personaje específico: “Jamás he tenido esas preferencias. Los personajes que más me han interesado en determinados momentos son los más trágicos, los más dramáticos. Pero en general trato de buscarles lo mejor y lo peor que tengan”.

Puntualizó lo que hace con un guion: “Como actriz, tengo que tomar ese texto que me pusieron en las manos y hacerlo mío. Hacerlo natural, orgánico. Hay como una violencia entre la manera de expresarme y la del personaje, pero el actor tiene que vencer eso porque es su trabajo”.

Y agregó: “En la televisión, que tanto he hecho, cada vez que me enfrento a un personaje nuevo es como si empezara por primera vez. Mientras más haces más tienes que exigirte porque la gente cada día espera más de uno”.

Su obra más completa según dijo siempre fue “Huguito”, su hijo, el actor, director y escritor Hugo Reyes: “A veces tenemos criterios encontrados porque somos de generaciones diferentes, pero en sentido general nos llevamos bien, con las discusiones normales. Estudió en el ISA también, y por eso tenemos muchos puntos de coincidencia en lo profesional”.

Cuando no tenía trabajo Alina leía mucho y volvía a su carrera inicial impartiendo clases… si no estaba metida en una permuta, porque le encantaba mudarse.

Como una buena parte de las personas que se encontraban con Alina, hoy, esté donde esté, le pregunto ¿Justa qué estás haciendo? Su risa y una frase rápida serán la respuesta. La escucharé decir con su peculiar sentido del humor: “Me mudé”.

(Tomado de Cubadebate)

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¿Dónde está Lezama, Poesía?

¿DÓNDE ESTÁ LEZAMA, POESÍA?

 Lezama 1

 

Trocadero 162. Casa-museo.

(Museo: Sinónimo de vejez)

Isla perdida ente edificios

que prometen enormes precipitaciones.

Por los pasillos busco a Lezama

más el gordo se niega a recibirme.

Me esquiva, me huye.

Sobre su escritorio siento el aliento

del tabaco fantasma, aún encendido.

No lo veo, él si me observa.

El patio, peña de versos y metáforas

servidas en una mesa sueca

donde  tragan, mastican y eructan

poetas,  antipoetas y seudopoetas.

En bandeja, Poesía.

Ardientes poemas que naufragan

en un iceberg de aplausos.

Yo los escucho. Lezama los escucha

escondido entre ventanas, torturado

por el parloteo de los vecinos,

los desafinados gallos y

el chillar de los fiñes malcriados.

¿Por qué, gordo Lezama, encierran a Poesía

en la cárcel de tu oculto patio?

Poesía debe estremecer las paredes,

abatir como cohete las almas chusmas

que también, en secreto, siembran poesías;

y asomadas a los balcones

sucumbirán en un incendio

de grandes proporciones de Poesía.

Entonces aparecerás, gordo Lezama.

Poesía hará vestir tu casa de azul celeste

y, como novia tuya, le preguntaré:

“-¿Dónde está Lezama, Poesía?-”.

lezama 3

 

                                            Nevalis Quintana Fernández

                                            (Derechos Reservados).

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