Réquiem por el adiós de otra amiga, Iraida Malberti.

 Este 16 de junio vuelvo a ser sorprendido con la noticia inesperada del adiós de otra gran amiga: la coreógrafa y directora Iraida Malberti Cabrera. Nuestra amistad comenzó desde mi entrada en 1995 a la Compañía Teatral “Hubert de Blanck”, donde recreó las coreografías con actores de las puestas de Berta Martínez como: “Bodas de sangre”, “El tío Francisco y las Leandras” y “La verbena de la paloma”, así como la inolvidable obra “El cartero de Neruda” en la danza de la cueca que recreaba la entrega del Premio Nobel a Pablo Neruda al Golpe de Estado contra Salvador Allende. También fuimos compañeros de giras al extranjero donde, mochila al hombro, nos convertíamos en exploradores callejeros. Incluso, nos atrevimos a visitar una cueva allá en España. La última vez que nos saludamos fue el año pasado, tras un tiempo sin vernos. A Iraida, la madre de muchos niños actores de Cuba y de la amada Colmenita dedico este homenaje con su propia voz.

Iraida Malberti, ¿y dónde está la felicidad?

26 septiembre 2017
Fuente : Cubadebate
                     Iraida Malberti Cabrera. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Iraida Malberti Cabrera en el mundo de los niños. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Iraida es la estampa de la sencillez. Tiene la mirada más iluminada que he conocido hasta hoy. En su casa, dispuesta a revelar toda la inquietud espiritual que le circunda, nos recibió una tarde de septiembre. La tierra olía a lluvia y las buganvillas blancas reinaban en su jardín. Ligera, guapa y cálida como siempre abrió la puerta.

Penetramos en los dominios del cuento de hadas que es su vida —su intimidad— y la pedagoga, coreógrafa, guionista, directora artística y cineasta nos dijo de un tirón: “Tengo 81 años y no puedo dejar de trabajar, si dejo de hacerlo me muero de tristeza”. Le creo.

Desde aquel día, no puedo olvidar la voz de niña de Iraida Malberti Cabrera. Su timbre anhelante y travieso. “Empecé con tres años, mi mamá me llevaba al ballet. Pasé por la Corte Suprema del Arte. Me hice Doctora en Pedagogía en el año 1962. Me gradué de profesora de Ballet y Bailes Folclóricos gracias a un curso emergente que organizó Chely —Ramona de Saá—, y soy directora de televisión”, así intentó la Maestra resumir su currículum. Pero no se lo permitimos.

Iraida Malberti dirige el Ballet Infantil de la Televisión cubana desde 1962 y es una de las creadoras más apasionadas y apasionantes del medio, pertenece a una estirpe de desprendidos, potentes, críticos y fieles, que hoy amenaza con extinguirse por completo. Su productiva y sólida carrera ha nutrido a un proyecto cultural único y necesario en la Isla, La Colmenita, cuyo director es su hijo, Carlos Alberto Cremata.

Madre de “los Cremata” —Carlos Alberto, Juan Carlos y José Carlos—, cómplice y leal esposa más allá de la cruel ausencia, la Malberti es una mujer con una fe ciega en el sacerdocio público desde el arte, porque ha asumido —como León Tolstói — que “no hay más que un modo de ser felices: vivir para los demás”.

“El mundo de los niños”  

Iraida Malberti Cabrera. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“Empecé con tres años, mi mamá me llevaba al ballet”. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Ha trabajado por más de 70 años con y para los niños. Bendito empecinamiento, decimos las generaciones que hemos crecido durante ese tiempo, que no son pocas.

Nunca intenté a hacer nada que no fuera con niños. Incluso cuando empecé había un programa en el Canal 2 que querían que lo animara, pero nunca quise. Empiezo a trabajar en la televisión un año después del triunfo de la Revolución, a través de mi hermana —que era actriz desde pequeña—, necesitaban una coreógrafa para el primer programa para niños que se hizo después de 1959. Se llamaba El mundo de los niños, con Carmen Solar y Edwin Fernández. Carmen era la dueña de la casa donde se reunían los pequeños, y Edwin, el Trompoloco de siempre. Ahí comencé montando algunos bailecitos. Fui de emergente y más nunca me separé.

Entró para siempre en “el mundo de los niños” montando “algunos bailecitos” y ha sido la coreógrafa de casi todos los programas de la programación infantil de la televisión cubana.

Sí, hice muchos programas, El Circo, Juguete, Amigos, Y dice una mariposa, Cuando yo sea grande, hasta coreografías con títeres, en Tía Tata. Muchos que se me han olvidado, imagínate, ha pasado el tiempo. Muchísimos niños han pasado por mis manos, algunos que ya no lo son tanto —sonríe—. En El mundo de los niños estaba Juan Julio Alfonso, lo veo hoy y le digo ‘qué viejo estás’, y él se ríe.

Un programa que recuerdo con mucho cariño es Variedades infantiles, con Gina Cabrera y Manolo Ortega. Lo cogí de una forma y lo fuimos transformando. Celebrábamos los aniversarios de los países, se hacía una leyenda en sombras chinescas, era semanal y en vivo. Zenaida Romeu —la mamá de Zenaidita— se encargaba de la parte musical y yo de la coreográfica. Fue interesantísimo porque aprendimos muchísimo.

Teníamos que investigar tenazmente. Algunos países no tenían nada escrito —no había Internet—, íbamos de un lado a otro averiguando cuáles eran las canciones y los juegos de los niños en cada una de las regiones. Una vez tuve que entrevistar a un diplomático escandinavo. Cuando llegué me dijo ‘yo no tengo nada, no tengo grabaciones de canciones infantiles’ y le dije ‘pero usted tiene que acordarse de cuando era niño’. Era un señor altísimo, una vara de pescar enorme, muy serio. Y fue comiquísimo, porque aquel señor terminó saltando, cantando y bailando en su oficina. Me enseñó los juegos y las canciones que él mismo disfrutaba cuando era pequeño. Y las repetía varias veces, comiquísimo.

Y la coreógrafa “emergente” se convirtió en la directora del Ballet Infantil de la Televisión, ¿cuándo?

Desde el año ‘61 o ‘62, ya ni sé cuántos años. Al principio eran 30 niños, lo hacíamos en un pasillo, ahora serán un poco más de 100, no es muy grande. Pero no cambia mucho, porque apenas aprenden un poquito hacen los exámenes para las escuelas de arte y se van. Y soy la primera en decirles si abrieron una u otra convocatoria, es su futuro. Yo digo que el Ballet Infantil es la colocación.

¿Por qué no vemos al Ballet Infantil de la Televisión en la TV?

Es que no hay espacio para nada en la televisión. Nosotros llegamos a tener un espacio por día, todos los días había un programa diferente, en la etapa grabada y en vivo. Había muchas más oportunidades para los niños antes, en todos los programas infantiles habían coreografías.

Y “Cuando yo sea grande”…

Empecé a hacer Cuando yo sea grande con Juan Carlos —director de cine y teatro— y ahora, en la tercera entrega, José Carlos fue el guionista. Es un programa que le dedicamos a las profesiones y a los oficios, porque si es importante un médico, un aviador, es muy importante un pintor de brocha gorda. ¿Te imaginas una ciudad sin pintores de brocha gorda? Sería gris, sería horrible, el pintor es muy importante para que la ciudad tenga color y así muchísimos otros oficios. Recuerdo que el primer programa fue sobre un aviador.

La segunda etapa se la dedicamos a los clásicos, hicimos Romeo y Julieta, Don Quijote. No es edad para que comprendan las obras, pero sí para aproximarlos a ellas. Recuerdo que de niña yo tenía un libro gordísimo que era El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, a esa edad yo no iba a leer eso, pero sabía que existía y luego me interesé por descubrir qué había escrito allí. Si les cuentas las historias, los interesas por la lectura, luego van en busca del libro en el futuro, les despiertas la curiosidad, vas creando su acervo cultural. Eso es lo hay que hacer, porque los niños van conociendo elementos que después la desarrollan.

Me habla de una televisión que extraño muchísimo.

Se hacían tantas cosas con la televisión de palo. Yo no me conformo, al extremo que acabo de hacer Cuando yo sea grande—por tercera vez—, lo hice con RTV Comercial, con cámaras mejores, con otra tecnología, pero no estoy muy complacida. A la medida que va pasando el tiempo se van perdiendo muchas cosas, la televisión en vivo tenía dos aventuras diarias, complicadísimas, de época, con caballos, escenas de acción… Y se hacían.

Había “bomba” —se da palmaditas en el pecho—, se hacían con un amor. ¿Por qué ahora no, si hay gente muy buena. No sé si es porque le dejan a la técnica lo que antes teníamos que hacer con el cerebro y con ganas. Ahora queremos poner el Malecón en el recortador, ¡noooo!, si lo tenemos ahí mismo.

Falta de “bomba”, imaginación y curiosidad, esas carencias pueden llevarnos a extremos absurdos, como decía Carpentier.

Mira si es así que esta entrega me costó más trabajo, complican mucho las cosas, lo que hacían cinco personas ahora lo hacen 34. El tema económico tiene mucho que ver, no es lo mismo trabajar por dinero que trabajar por amor. Además, esta vez el programa tuvo muy poca promoción, se trasmitió durante el verano, los miércoles en el horario de la mañana.

Entonces, deduzco que “el gancho” no está en los trucos que traen las nuevas tecnologías y la superproducción.

La televisión en sí engancha, pero hoy tiene que competir contra todos los equipos electrónicos —tablets, teléfonos…— que el niño tiene en sus manos y puede manejar, controlar a su antojo, así que tener a un niño frente al televisor no es muy fácil, pero se logra.

Uno de los programas más bonitos que quedó fue el de una campesina, lo hizo una niña de La Colmenita que tiene 4 años. La pequeña se encuentra en una revista un pollito saliendo del cascarón, el niño urbano no conoce eso, ve los huevos y los pollos. Es muy simpático, porque va para el refrigerador y empieza a cascar huevos y el embarre que arma es espantoso. Como el programa es fantástico, hay que exponer lo que ellos piensan a través de la música y la imagen, porque no se habla. El padre la lleva al museo y allí se entretiene. Se aleja de él y entra en uno de los cuadros, uno que tiene un paisaje de campo con un río, cuando regresa con el padre tiene el pelo mojado.

En muchos casos, los adultos necesitamos que nos expliquen las historias llenas de fantasía, los niños no, ellos las entienden perfectamente. Ahora se los voy a poner a los niños de La Colmenita, a los más chiquiticos a ver qué fue lo que pasó.

Antes el programa también le gustaba a los adultos y el niño es un ser social, le gusta ver las cosas en compañía, por eso ve las telenovelas y las barbaridades que no son para él, porque lo está haciendo en compañía de su papá de su mamá. Si los adultos se sientan a ver un programa infantil, los pequeños también.

Te lo cuento y no es invento

Iraida Malberti Cabrera. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“Los adultos necesitamos que nos expliquen las historias llenas de fantasía, los niños no, ellos las entienden perfectamente”. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Para usted es esencial tratar a los pequeñines como adultos, respetarlos como televidentes.

A los niños no les gustan que los chiqueen, yo me entiendo muy bien con ellos, casi hablo su lenguaje. A través de los años, la experiencia me ha enseñado un poco. La gente me pregunta ‘¿qué método tú sigues?’, no hay un solo método para ellos, lo que te funciona con uno no tiene ningún efecto con el otro.

A mí me decían ‘los niños no actúan’ y es que ellos actúan desde la cuna. Si un bebé está llorando en la cuna y te vas, deja de hacerlo porque no tiene público, o llora más duro para que regreses. Cuántas veces actúan en casa para lograr lo que quieren y nos lo creemos. Ellos son actores en potencia. Por eso trabajo con cualquier niño, unos te cuestan más trabajo; otros, menos o más tiempo, pero todos pueden actuar.

Stanislavski hablaba de la memoria emotiva, por ejemplo, si un actor tiene que llorar se le pide que se remita a un hecho de su vida que le dé sentimiento. En el caso de un niño, eso es cruel, pedirle a un niño que recuerde cuando murió su abuelito o su perrito. Y nosotros hicimos Viva Cuba —filme que codirigió con Juan Carlos Cremata—, donde la abuelita de la protagonista se muere, recuerdo que a Malú —la niña que interpreta el rol principal—, que es muy buena actriz, le pregunté con naturalidad ‘qué pensaste cuando estabas en el cementerio y comenzaste a llorar a mares’, me dijo: ‘que se había muerto mi abuelita’, insistí, ‘cuál abuelita’, me respondió: ‘la de la película’. Ella se remitió a esa circunstancia, que para mí es lo importante, llorar por lo que te está pasando en ese momento.

La sinceridad de los niños es admirable.

Ese es otro elemento muy importante, respetarle su verdad. No puedes inventársela tan fácil. Ellos cogen una escoba, la montan a horcajadas y dicen que es un caballo, pero tú no lo puedes hacer porque te dicen que es una escoba. Ellos tienden a mirar para la cámara, pero no se lo puedes prohibir, tienes que convencerlos de que si lo hacen lucen feos. Divino.

Tengo una alumna de ballet de 2 añitos, que cuando terminó su actuación en Cantándole al Sol le dijo a su mamá: “lo hicí, ¡fue fantástico!”, lo dijo mal pero en esa frase expresó toda la emoción que sintió en la presentación. Ellos sienten el escenario, las luces, el público. Disfruto, sobre todo esa edad, tremendamente.

Lo importante es que el tiempo que están con nosotros les sirva de diversión, de enseñanza. Es un trabajo muy atractivo, tan peligrosamente atractivo que difícilmente un niño empiece y no siga. Y eso les pasó a mis hijos. Empecé a trabajar embarazada del segundo, el primero tenía un año y algo, ellos eran niños de círculo, pero mi horario de trabajo era fuera del horario de clases y la mayor parte de las veces mi esposo los recogía y los traía al trabajo, ¿cuál era el trabajo?, un estudio de televisión lleno de muñequitos y luces, donde pasaban cosas muy interesantes para ellos, jamás pudieron despegarse de eso. Se han formado al lado mío, yo nunca les he dicho vamos a repasar un guión o a hacerlo, no tenía ni tiempo ni necesidad. Esa pasión se va pegando.

“Y dice una mariposa”

Iraida Malberti Cabrera. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“Hemos dedicado la vida a disfrutar lo que hacemos”. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Pero dicen que no solo en el estudio de televisión, que en el hogar de los Cremata- Malberti también se jugaba y se pasaba muy bien, en aquella casa reinaba la felicidad y el buen arte que sus hijos han regalado en un plató o a través de la pantalla.

Mi esposo era un tipo muy simpático. Simpatiquísimo, de morirte de risa con él. Y era un actor en potencia, dirigía el grupo de teatro de Cubana de Aviación, y cogió premios y todo. Le gustaba mucho el teatro.

En la casa, por ejemplo, una noche se fue la luz y hubo que empezar a cocinar y dijimos ‘mejor, ¡vamos a comer con velas!, como en el siglo pasado’. Cuando fuimos a comer vino la luz, qué hicimos, apagamos las luces. Los muchachos se divertían mucho con él y yo más, él me decía que yo era su mejor clienta, me reía mucho. Él me decía ‘el ocho’ y yo ya me estaba riendo.

Un día fuimos todos al cine, a ver una película japonesa, y no habíamos comido y aquellas bolas de arroz nos despertaron el hambre, cuando llegamos a la casa ellos quisieron que hiciera bolas de arroz, me metí a la cocina a inventar y cuando salí. Estaban los cuatro sentados en el piso, con los trajes del judo, como unos japoneses listos para comer. Así era él. Un día fingió que se iba para la calle con la camisa y sin pantalones, solo para hacerme reír.

¿Dónde conoció a Carlos?

Iba en una guagua con una amiga que era muy burlona y delante de nosotros se sentó un muchacho con unas medias de colorines y empezamos a reírnos, a burlarnos de él. Y mira lo que me pasa, llego a mi casa en Coco (Santo Suárez, La Habana) y mi papá me dice: ‘Vamos a casa de un amigo que conocimos a una gente que tiene guardadas tapitas de botellas de refresco, acompáñame’. Mi hermana estaba postulada para reina de algo… y necesitaba chapitas para el vestuario.

Me monté en el carro y fui con él. Estando en la casa de este señor dice su esposa, ‘por ahí viene mi hijo’, cuando miré en esa dirección vi que era el mismo muchacho de la guagua, quería que la tierra me tragara. Así conocí a Carlos. Por suerte, él me confesó después que, aquel día, él no se había dado cuenta que nosotras nos estábamos burlando de su medias. A partir de ese día él empezó a visitarnos. Nada, lo enganché.

Tenía seis pies y no le gustaba que usara tacones, prefería que disfrutara de la comodidad. Era precioso, muy bonito y elegante. Si alguien me halagaba delante de él decía: ‘Tienes mi mismo gusto, pero no mi misma suerte’—sonríe desde el corazón—.

Yo la pasé muy bien con él, me divertí muchísimo con él todo el tiempo que me duró, porque él murió en el Crimen de Barbados ―era uno de los miembros de la tripulación del avión cubano que se precipitó al mar cerca de Barbados tras un sabotaje organizado por Luis Posada Carriles―.

“Que duerma una noche más con su papá”

¿Pudo despedirse de su  esposo?

El día que se iba, sentí que me dio  un beso y me dijo ‘me voy que ya está el taxi ahí’, estaba tan dormida que reaccioné tarde, porque yo siempre lo despedía en la puerta, cuando salí a la puerta vi el fondo del taxi. No lo despedí como siempre.

Sin embargo, escuché en un programa de televisión que ese día fatídico usted vio nacer un arcoíris, esa señal pudo ser un hasta siempre.

El día fatídico, yo estaba en un trabajo voluntario al fondo del Riviera, en un edificio de microbrigada del ICRT. Entonces, empezó un aguacero enorme, pero cuando dejó de llover se formó un arcoíris gigante y yo le decía a todo el mundo miren y nadie me hacía caso, pero yo sí lo vi en el cielo. Por cierto, ese día estuve escogiendo arroz en la cocina de la Micro con una señora que tenía su esposo muerto y hablaba de él como si estuviera vivo, como hablé yo después. Al cabo del tiempo, yo vi ese arcoíris como “nuestro final feliz” —entre comillas, por supuesto—. Pero la vida nuestra siguió, siguió…

En sus obras, en el amor de todo lo que fundan los Cremata- Malberti trasluce ese amor tan intenso que él les ofreció, su generosidad. Pareciera que ustedes dan felicidad para encontrarla.

Así es. Hemos dedicado la vida a disfrutar lo que hacemos y así lo dicen los muchachos. Cuando alguno coge un premio se lo dedican a su papá o me dice ‘esto lo hice por papi’. Todo depende de si tú quieres dedicar tu desgracia a sufrirla o a “disfrutarla”. Yo quise que Jose, que era el más chiquito —no había cumplido 11 años—, fuera a los funerales, que no se perdiera nada. Fue muy lindo ver en la caminata al Cementerio a todo el pueblo con una seriedad absoluta, rostros de puro dolor. Aquellos niños alineados con sus boinas rojas, eran flores, me daban la sensación que estaba viendo un mar de flores en fila, y todos estaban llorando. Eso hay que vivirlo.

Todo el tiempo estuvieron conmigo. El rato que Fidel estuvo hablando, cuando dijo: “Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla”, fue tan emotivo. Irrepetible. Aquella plaza, aquel silencio tan sepulcral. Se portaron tan divinamente los tres, los dos mayores, ‘Tin’ (Carlos Alberto) y Juan Carlos estaban con su uniforme de los Camilitos.

Yo los fui a buscar, al único que no fui a buscar fue a Jose, porque una amiga de nosotros que era profesora de la escuela me dijo ‘yo voy para allá’, le dije ‘si hay algún problema me llamas por teléfono, de lo contrario no voy a buscarlo hoy, para que duerma una noche más con su papá’. Pero a los Camilito sí fui, porque allí si veían el noticiero y la noticia estaba en la calle. Al otro día tempranito fuimos a buscarlo, cuando llegamos nos miró y dijo: ‘¿Y esta delegación?’. No le dijimos nada, él no preguntó más nada se montó en el carro y fue llorando durante todo el trayecto. Dice que él lloraba hasta las 12 de la noche, a esa hora paraba, dormía, y después volvía otra vez. Ese es el cuento que él hace. Y así estuvimos por mucho tiempo, ellos por mí y yo por ellos, tratando de ser fuertes.

Consolidó una familia en una época muy dura, tiene tres hijos que muchos admiran por su talento y espíritu.

Fue una época muy dura para Cuba, las madres que se quedaron solas pasaron mucho trabajo con sus hijos, las familias. En una reunión, una madre comentó ‘no es fácil’ y otro, de esos que se creen que se la saben toda, le respondió ‘no es fácil si no has hecho un buen trabajo’. Me levanté y dije: ‘Para tener hijos no se va a la Universidad, ni nos enseñan un método, hay quien no sabe, no puede, cómo vamos a criticarles. Lo que hay que hacer es ayudar a los que no pueden y a los que no saben.

Precisamente, eso es lo que ha hecho La Colmenita, ayudar a formar hombres de bien. Todos sabemos que su hijo es el director, pero que a usted la llaman la abeja reina.

Yo era como la directora general, pero “Tin” es muy fuerte, a él no hay quien lo dirija, y a mí tampoco. Y dos directores no funcionan —sonríe—, aunque yo nunca me he ido. Él dice que la parte estética es mía, porque él sabe que tiene muy mal gusto. “Tin” se paraba delante de los hermanos y preguntaba: ‘¿esto me pega?’ y los hermanos, que los dos tienen tremendo gusto para vestirse, hacían fiesta con él. Imagínense que para redondear es daltónico.

Dónde nace la fantasía, las historias que Iraida nos regala.

Los primeros huevos, de los que te hablé ahorita, los que cascó la niña que hizo el programa de la campesina, se rompieron ahí —señala para el jardín—. Nos sentamos ahí los tres —Jose, “Tin” y yo—, a cascar huevos. Hacemos el primer trabajo de mesa aquí, en casa.

Nunca ha dejado de jugar con sus hijos…

Nunca.

¿Es muy exigente?

Demasiado. Me busco unos rollos. Cuando dirigía a seis personas, eran seis problemas ahora son 34. Me gusta que la gente de verdad se comprometa con lo que está haciendo, con el mismo amor y cuidado que yo le pongo. Quiero hacer las cosas como me gustan, con corazón.

Con corazón… y con el alma de niña que conserva.

Sí, soy una niña de los 40. Hay un libro de Conchita Arzola que se llama El folclor del niño cubano, que ella se lo dedica a las niñas de los 40, las que crecieron con las rondas infantiles y los juegos tradicionales. El folklor se trasmite por vía oral y no se olvida tan fácil. Si alguien cree que se ha perdido, confieso que cuando empiezo con un grupo de niños nuevo, se saben las rondas, tal vez no perfectamente, pero sí las tienen en sus cabecitas, quizás en casa se las siguen enseñando. Si es así, estamos salvados.

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Rolando Peña: tributo a un teclero.

Rolando Peña.

Las teclas de esta bitácora digital vuelven a escribir sobre la despedida de otro amigo. En días pasados falleció en La Habana el actor de radio y televisión Rolando Peña, a quien todos recuerdan por su reciente interpretación de un viejito que padece Alzheimer  en la telenovela En tiempos de amar. Rolando fue también el padre del joven director Roly Peña.

Sin embargo, voy a escribir sobre un pasaje de la vida de Rolando Peña que es poco conocido  por el público. Rolando fue una de las personas, que convidadas desde las páginas del periódico ¨Juventud Rebelde¨  por el periodista Guillermo Cabrera Álvarez , se unieron a la Tertulia de la Tecla Ocurrente que cada mes se reunía en el Hueco del Instituto de Periodismo ¨José Martí¨ en G y 21. Allí, cada tarde, entre tecleros, Rolando nos confesó detalles y anécdotas de su vida personal y profesional. También descubrimos en él a un escrito nato y algunas narraciones suyas participaron en concursos del periódico e, incluso, obtuvieron premio.

Un día Guillermo organizó con su tropa teclera celebrar una gran tertulia nacional en el centro del país, Guaracabulla, para que contáramos sobre el centro de nuestras vidas a la hora que marca el centro del día. En aquellos preparativos, el Genio (como lo bautizó el Comandante Fidel Castro) le asigno a Rolando Peña una misión especial: declamar el poema ¨Parada en Guaracabulla¨ del poeta Raúl Ferrer. Fue una sorpresa para él que lo consideró uno de los momentos más importantes de su vida como actor. El 1 de junio del 2007, la gran Tertulia de Guaracabulla abrió con los versos del poeta cubano que vibraron en la voz del actor. Fue la tertulia donde unas horas después, el Genio dio su adiós y quedó sembrado en el corazón de Cuba.

Junto al poema de Raúl Ferrer, rescato de los archivos del sitio web de Juventud Rebelde un texto suyo, ganador de uno de los concursos de la Tecla conocido como las Camiladas y que es dedicado al Comandante Camilo Cienfuegos. Para Rolando Peña, ese sencillo ser humano, sea este homenaje. A sus hijos y familia mi más sentidas condolencias.

Nevalis Quintana Fernández.

PARADA EN GUARACABULLA

¡Qué dulce debe ser
vivir aquí en Guaracabulla!
¡Junto al guajiro que a los trenes viene
con esa ingenua transparencia suya!

Las lomas azuladas en la tarde,
noche que con los astros se encocuya,
mansa quietud del pueblecito aislado.
¡Sueño sin bulla!

Un día sacaré
mi boletín hasta Guaracabulla.
¡Quiero entrar a vivir el sol tranquilo
que al crucero del tren tanto me embulla!

¡Ojalá no me digan que en las lomas
o en el palmar donde la brisa arrulla,
no tienen los muchachos una escuela
ni permite un señor que se construya!

¡Ojalá no me encuentre campesinos
trabajando la tierra que no es suya,
logrando su cosecha de sudores
para que venga el amo y se la engulla!

Denunciaré esa paz de ruda cáscara
vista con ojo de furtiva grulla,
romperé la quietud del pueblecito,
en el café se formará la bulla.
Dormiré en el cuartel, y al día siguiente
saldré amarrado de Guaracabulla!

Raúl Ferrer.

Coopere con el artista cubano

Uno de esos días en los primeros meses de 1959 en que Fidel hablaba por televisión al mediodía, se encontraban, como casi siempre, muchos «barbudos y peludos» —que era como le decíamos a los rebeldes que habían bajado de la Sierra— en la cafetería Arcada de la CMQ.

(…) Estaban esperando que llegara Fidel, para subir al estudio donde hablaría. (…) Al llegar yo con mis billetes, lo primero que veo es que cantidad de niños —limpiabotas, cantantes, vendedores de periódicos, limosneros, en fin, todos—, estaban dándose tremendo banquete de arroz con pollo, que ahí era muy caro. Cuando pregunto cómo era aquello, me dicen que fuera donde estaba Camilo y ya, que él me invitaba.

A mí me dio pena decirle directamente que me pagara el almuerzo y le dije: «Camilo, cómprame aunque sea un pedacito de billete», a lo que él me respondió: «No, nosotros no jugamos; pero si tienes hambre siéntate y come, que te invitamos».

(…) Hay dos cosas de ese momento que nunca he olvidado. En un momento Camilo le dice al Che, que estaba conversando frente a él: «¿Qué tú crees de esto, argentino?». Se refería a nosotros, los niños de la calle, que en Cuba había muchos cuando aquello. A lo que Che le dijo: «Todo esto también se acaba, Camilo. Ya oíste lo que dijo Fidel anoche».

Lo otro que recuerdo siempre con alegría, es que yo tenía una gran preocupación por el pago de todo aquello que estábamos consumiendo, porque sí era verdad que los rebeldes cobraban poco, y además, no se iban sin pagar como hacían los del gobierno anterior.

Ya me parecía que se formaría un gran lío. De pronto llegó un rebelde y le dijo algo bajito a los dos Comandantes. En cuanto ellos se pusieron de pie, ¡fue como un resorte!, todos los demás lo hicieron también. Parece que Fidel había llegado y tenían que subir.

De pronto, Camilo dijo —igualitico que lo decían los que cantaban en las guaguas—: «Arriba, señores, cooperen con el artista cubano. El que no tenga menudo que lo eche entero». Se quitó el sombrero y «pasó el cepillo». De esa manera tan original se resolvió el pago del banquete infantil.

Rolando Peña Portillo.

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Un ¿Barbero? en el Teatro de la Villa.

¨Un barbero al doblar de la esquina¨ es la nueva propuesta teatral que nos invita el grupo Teatro de la Villa de Guanabacoa. Con un renovado elenco de actores esta obra infantil nos trae la historia de un indiscreto Barbero (o Barbera estilista unisex) que desea revelar un misterioso secreto del Rey del Teatro. ¿De qué se trata? Humm….

Así nos cuenta en sus Notas al Programa el también desaparecido dramaturgo y asesor teatral Freddy Artiles:

Un viejo refrán dice: Si quieres saber lo que pasa en el pueblo, pregúntale al barbero…Y un barbero, ese humilde y útil trabajador que, por las características de su oficio, habla de todo y con todos y se entera de muchas cosas, es justamente el protagonista de esta simpática obra del poeta y dramaturgo Sigifredo Álvarez Conesa (1939-2001) y escrita en el año 1969. Un barbero al doblar de la esquina resulta un agradable ¨divertimento¨ que recreando con humor los clásicos personajes de los cuentos tradicionales (el Rey, la Princesa, el Heraldo, el Guardián) o introduciendo otros que originan el conflicto, como el Barbero y el Hombre del Artefacto, propone un juego teatral capaz de divertir a los más pequeños y recordar a los mayores que la indiscreción puede provocar serios problemas como los que desata el barbero de esta historia para hacer reír y reflexionar a los espectadores de todas las edades.

Esta divertida puesta, bajo la dirección de María Elena Tomás, podrá ser vista durante los meses de Junio y Julio, los sábados y domingos, a las 4.30 de la tarde  en la sede del grupo, sita en calle Desamparado esquina a doctor Mora, en Guanabacoa, La Habana. También ofrecerá funciones especiales durante la Semana de la Cultura de Guanabacoa.

REPARTO  ACTORAL:

Claudia Lazo.                   BARBERA

Nevalis Quintana              HERALDO Y REY

Lidia Rosa Cárdenas     GUARDIAN Y BOMBERO

Carmen Navarro              PRINCESA

Félix Leal                          HOMBRE DEL ARTEFACTO.

 

DIRECCION GENERAL:

Maria Elena Tomás

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El Premio Rafael Alberti otorgado a Virgilio López Lemus.

El Premio Rafael Alberti otorgado a Virgilio López Lemus (+ Video)

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Concluyó el 22 Festival Internacional de Poesía de La Habana (FIPH), y a la hora del recuento, por lo general se coincide en que hubo numerosos instantes de alta emotividad.

Entrega del Premio “Rafael Alberti” al poeta y ensayista Virgilio Lopéz Lemus. Lo acompañan Aitana Alberti y Alex Pausides, coordinadores del Festival Internacional de Poesía de La Habana.

Uno de ellos, en la misma sesión inaugural que acogió la Sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), fue el otorgamiento del Premio Rafael Alberti, de la Sociedad de Beneficencia de Andalucía y sus Descendientes y el FIPH, al Doctor en Ciencias Filológicas Virgilio López Lemus (Fomento, Sancti Spíritus, 1946), no solo por ser un nombre de obligada referencia en las letras cubanas contemporáneas a causa de sus desempeños como poeta, crítico, traductor, profesor y acucioso investigador literario, de bibliografía sumamente amplia y conocida, tanto en ensayos de gran utilidad como en poesía, con aportes significativos en relación con la poesía en estrofas de diez versos y su defensa, como identidad ella misma de nuestra nación.

A todo esto, a su conocimiento amplio de la literatura hispanoamericana, y dentro de ella de la obra del emblemático aeda español que da nombre al galardón, a todo esto que es suficiente merecimiento, se suma en la esfera de las emociones el hecho de que se trata de un creador que asume su labor sencillamente como un servicio al que consagra su existencia, sin ínfulas de tipo alguno, con una humildad a toda prueba. Y eso, al menos para quien escribe estas líneas, es también virtud en que se reconoce a un poeta que vive como tal.

La simpatía que genera Virgilio, sin proponérselo, entre quienes lo rodean, es proverbial. En el 2008, cuando se le dedicó la Jornada Cucalambeana, se le calificó como “un académico sabio y divertido”. La alegría con que fue recibido ahora el anuncio del lauro, quedó testimoniada en este video que podemos agradecer al poeta Nevalis Quintana Fernández:

https://www.facebook.com/nevalisq/videos/vb.100000567344872/2073194149376143/?type=3

(Tomado del periódico Trabajadores: El Premio Rafael Alberti otorgado a Virgilio López Lemus (+ Video) )

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Pequeña Oda a la Sonrisa: poema a las víctimas del accidente aéreo de La Habana.

Pequeña Oda a la Sonrisa.

(En memoria a Gretell Landrove Font

A los hermanos Carlos Miguel y Gretell Isel, casí cercanos.

A las víctimas del Boeing 737-200

Vuelo Habana-Holguín, fallecidas el 18 de mayo del 2018)

 

Aquella muchacha soñaba dibujar una Sonrisa en el Cielo.

En silencio taconea la fiesta de las nubes.

La Ciudad amanece.

Ave en pista.

Despegue.

El arcoíris reclama

Estruendo…

Gritos y dolor.

Un amasijo de sueños truncos entre pedazos de metal.

Guerrera en danza,

la Sonrisa aún vaga sobre su foto

y anuncia las coplas de un pueblo que llora el adiós.

Nevalis Quintana Fernández

PD: El domingo 20 de mayo, cuando publicaba en este Blog mi Mensaje Personal ante la Catástrofe Aérea en La Habana. , mi esposa Silvia y yo recibimos la lamentable noticia que 2 primos de un  cuñado suyo habían fallecido en el accidente aéreo del viernes. Se trataba de los jóvenes hermanos Carlos Miguel y Grettel Isel de la Cruz Cutiño, quienes viajaban a Holguín a visitar a sus abuelos.Carlos Miguel era estudiante universitario de la CUJAE, y Gretell Isel era económica del Banco Nacional.Este viernes 25 de mayo, tras ser identificados sus restos, fueron velados en la Casa de la Cultura del Cotorro, adonde asistió el pueblo habanero a rendirles tributo. Junto al Libro de Condolencias fue colocado una primera versión de este poema.

Deseo dar las Gracias a todas las personas de Cuba y del mundo que, desde las redes sociales como personalmente, nos han dado sus mensajes de solidaridad y apoyo ante esta tragedia.

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Compañías cubanas de danza lamentan fallecimiento de Grettel Landrove Font

Compañías cubanas de danza lamentan fallecimiento de Grettel Landrove.

Gretel Landrove Font

 Compañías danzarias de Cuba trasmitieron hoy mensajes de condolencias a los familiares de Grettel Landrove, una de las tres sobrevivientes del accidente aéreo del pasado viernes, fallecida este lunes, en esta capital.

La joven, de 23 años de edad, era natural de la oriental provincia de Holguín, aunque residía en La Habana y fue bailarina de la Compañía Flamenca ECOS.

Entre los conjuntos que expresaron sus sentimientos en redes sociales destacan Danza Contemporánea de Cuba, la Compañía Irene Rodríguez y el Ballet Nacional de Cuba.

“Sentimos de corazón la pérdida de la sobreviviente del terrible accidente aéreo, quien fuera alumna de nuestra Escuela Profesional de Danzas Españolas y quien amaba bailar como pocas alumnas”, expresa la nota firmada por la bailarina, coreógrafa y directora Irene Rodríguez.

Grettel era enormemente esforzada, se impuso ante sus condiciones físicas para poder danzar y ante su realidad geográfica de vivir lejos de la capital. Mujer admirable realmente, añadió.

El Ballet Nacional de Cuba y su directora Alicia Alonso expusieron también las más sentidas condolencias a todos los familiares de las víctimas del accidente aéreo, ocurrido el pasado viernes 18 de mayo, cerca del aeropuerto internacional “José Martí”, en La Habana, que causó 110 muertos.

Artistas, técnicos y personal administrativo se sienten muy conmovidos por esta tragedia, atestigua el mensaje.

“En paz descanse, querida Grettel… tu arte siempre estará presente… tus amigos de Danza Contemporánea de Cuba siempre te recordaremos… por la alegría, la magia y el talento”-, apuntó un comunicado de esa institución dirigida por Miguel Iglesias, Premio Nacional de Danza 2018.

Antonio Banderas se une al dolor del pueblo cubano

El famoso actor español, Antonio Banderas, se ha sumado a los mensajes de condolencias al pueblo cubano, tras el accidente aéreo ocurrido el viernes 18 de mayo, en el cual perdieron la vida 110 personas.

El reconocido artista publicó en su cuenta en twitter el siguiente mensaje: Me gustaría enviar toda la fuerza y el ánimo a nuestros hermanos cubanos tras el terrible accidente aéreo. Mi corazón con las familias de las víctimas.

 

(Tomado del sitio Cubadebate)

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Mensaje Personal ante la Catástrofe Aérea en La Habana.

 Este 19 de Mayo del 2018, día de la caída en combate del Apóstol José Martí, amanece mi Cuba bajo un Sol de tristeza y dolor. Ayer, en horas del mediodía, una aeronave que cubría el vuelo Habana-Holguín se estrelló al despegar del Aeropuerto “José Martí” de la Habana, con trágico saldo de más de 100 víctimas entre cubanos y extranjeros.Una gran tormenta sobrevino en la capital poco después y me impidió acudir a las salas de ETECSA para escribir estas líneas. Como artista y escritor, desde este Blog de la Cultura Cubana. deseo expresar mi pésame y dolor a todas los familiares de las víctimas de esta catástrofe aérea ocurrida en mi Patria, tanto a cubanos como extranjeros. Desconozco si hay algún amigo o conocido entre ellas, para Uds mi Abrazo y mis Lágrimas. Aún estamos atentos a las noticias de la investigación de esta tragedia y al listado de fallecidos.

Gracias a los amigos del mundo por su SOLIDARIDAD. Nosotros hemos respondido con ENTEREZA y FUERZA.

Nevalis Quintana Fernández.

Accidente aéreo en La Habana.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel en el lugar del accidente aéreo en La Habana. Foto: AFP.

A las 12.08 p.m. de este viernes se estrelló un Boeing 737-200 arrendado por Cubana de Aviación, con tripulación extranjera y 104 pasajeros a bordo, que hacía el recorrido desde La Habana a Holguín en el vuelo DMJ 0972.

En el momento del despegue, la aeronave se precipitó a tierra entre el aeropuerto José Martí y Santiago de Las Vegas.

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel acudió inmediatamente al lugar del siniestro junto a otras autoridades del país.

Cubadebate le cuenta minuto a minuto los detalles del siniestro:

http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/05/18/minuto-a-minuto-accidente-aereo-en-la-habana/#.Wv9GNaQvzIW

http://www.cubadebate.cu/temas/sociedad-temas/2018/05/19/accidente-aereo-en-cuba-ultimas-noticias-y-testimonios/

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Jorge Luis Sánchez/ Cubadebate.

Accidente aéreo en La Habana.Foto: Roberto Suárez/ JR.

Accidente aéreo en La Habana.Foto: Roberto Suárez/ JR.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: AFP.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: AFP.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: AFP.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: @helderzona/ Twitter.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: @AVIF/ Twitter.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Roberto Garaicoa/ Cubadebate.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Vladimir Molina/ PL.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Roberto Garaicoa/ Cubadebate.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Vladimir Molina/ PL.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Jorge Luis Sánchez/ Cubadebate.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Roberto Garaicoa/ Cubadebate.

Accidente aéreo en La Habana.Foto: Roberto Suárez/ JR.

Esteban Lazo en el lugar de los hechos. Foto: Roberto Suárez/ JR.

Accidente aéreo en La Habana. Foto: Vladimir Molina/ PL.

En el hospital Calixto García se atiende a tres mujeres sobrevivientes al accidente aéreo en La Habana. Foto: ACN.

En el hospital Calixto García se atiende a tres mujeres sobrevivientes al accidente aéreo en La Habana. Foto: ACN.

En el hospital Calixto García se atiende a tres mujeres sobrevivientes al accidente aéreo en La Habana. Foto: ACN.

En el hospital Calixto García se atiende a tres mujeres sobrevivientes al accidente aéreo en La Habana. Foto: ACN.

En el hospital Calixto García se atiende a tres mujeres sobrevivientes al accidente aéreo en La Habana. Foto: ACN.

Foto: @LázaroManuelAlonso/ Facebook.

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Falleció el destacado actor cubano Rogelio Blain

Este domingo 13 de mayo, mientras se festejaba el Día de las Madres, falleció a los 73 años el reconocido y popular actor de radio, cine y televisión Rogelio Blaín. Tuve el gusto de tener a Rogelio Blaín entre los actores y amigos que conocí en mi carrera como actor. Con él trabajé en las telenovelas ¨El año que viene¨ y ¨Tierra Brava¨. En esta última desempeñó uno de sus más recordados personajes, el malvado y tiránico hacendado Lucio Contreras, que se ganó el cariño del público. Con esta amistad compartimos saludos y encuentros, incluso en momentos cuando tuvo resentida su salud.

Rogelio Blaín se despide mientras nos sorprende todavía en la TV con su última actuación en la telenovela actual ¨En fin,  el mar¨.Con él se va otro gran amigo de estos años, junto a Alina Rodríguez, René de la Cruz, Enrique Almirante y Rolando Nuñez, entre otros.

Nevalis Quintana Fernández.

Falleció el destacado actor cubano Rogelio Blain

El destacado y reconocido actor cubano de la radio, el cine y la televisión, Rogelio Blaín, quien tuvo una larga y fructífera carrera que avala el cariño, el respeto y la admiración de todo su pueblo, falleció este domingo tras sufrir una larga y penosa enfermedad.

Nacido en la Habana el 24 de agosto de 1944 es considerado uno de los actores más destacados de nuestra pantalla chica. Comenzó como aficionado y en 1966 Humberto Solás, quien estaba buscando actores para hacer Lucía, lo seleccionó para un importante papel: el de Antonio, en el segundo cuento del filme, reseñó el Portal de la Televisión Cubana.

En las tablas conoció a sus entrañables amigos Enrique Molina y Enrique Almirante; la televisión le presentó en múltiples espacios seriados, como Enrique de Lagardere, que llevó a Blaín a la cúspide de la popularidad, así como Grandes Novelas y Horizontes, entre otros.

Pasó a formar parte del elenco de la televisión, aunque siempre dijo que prefería el cine porque le abrió muchas puertas. La televisión le ha presentado en múltiples espacios seriados así como en novelas. Son memorables sus interpretaciones en Tierra Brava y su personaje del tiránico Lucio Contreras, el esposo celoso de Las huérfanas de la Obrapía y el oficial del Ministerio del Interior de la serie Móvil Ocho.

Fragmento de entrevista a Rogelio Blaín para Caricatos.

¿Tiene preferencia por algún personaje de los tantos que ha representado?

Hay dos personajes que recuerdo con gran cariño. El primero fue “Enrique de Lagardere”, el cual me dio la oportunidad de hacer dos personajes en el mismo espacio: Lagardere y Esopo. Fue la primera aventura que se grabó en video. El otro fue Lucio Contreras en la novela “Tierra Brava” de Xiomara Blanco. Un personaje donde un actor se puede desempeñar en todas las facetas de la actuación. Estos personajes me dieron muchas satisfacciones, pero a pesar de eso, considero que todavía me queda mucho camino por andar y mucho que aprender en mi trabajo actoral. Esta es una profesión que, considero, nunca se llega al final.

Usted ha trabajado en todos los medios, cine, teatro, radio, televisión. ¿En cual de ellos se siente más cómodo?

Aunque siempre he dicho que tengo predilección por el cine y la televisión, es en esta última donde mejor me desenvuelvo, debe ser porque por más de 40 años es donde me he desempeñado.

¿Qué diferencia existe entre la televisión en vivo y ahora con el video? ¿Cree usted que influya en el profesionalismo de los actores y actrices?

A simple vista existe una gran diferencia entre la televisión en vivo y el video. En la televisión en vivo había pocos ensayos, había que reaccionar de inmediato, no podías equivocarte, tenías que ejercitar la memoria, construir el personaje en todos los aspectos y en muy poco tiempo. Se trabajaba con más tensión, esto por supuesto, al cabo de los años de un entrenamiento que no sólo se revierte en profesionalismo, sino también en disciplina, estudio y voluntad.

El vídeo te da cierta confianza, trabajas más relajado, toda vez que hay mayor preparación. Además si algo quedara mal o no le gusta al director se puede repetir. Esto no quiere decir que sea más fácil, porque siempre que un actor sale a escena tiene que dar todo de sí como si fuera en vivo.

 

 

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Preludios del Festival de Poesía de La Habana 2018

Preludios del Festival de Poesía de La Habana.

Autor: Adalys Pérez Suárez.

Con la realización de los Juegos Florales, este domingo 6 de mayo en Guanabacoa, se iniciará el performance CubaPoesía Itinerante, prólogo del Festival Internacional de Poesía de La Habana, evento previsto para desarrollarse entre los días 28 del presente mes y 6 de junio venidero.

El homenaje a José Martí, con motivo de conmemorarse el próximo 19 de mayo el 123 aniversario de su caída en combate, marcará el programa que antecederá a la cita literaria que, dedicada a la poesía oral y a la poesía popular, se espera cuente con la participación de más de 150 poetas procedentes de 32 países, junto a un número similar de sus colegas cubanos.

El próximo día 8, dicho performance tendrá por escenario Río Cristal, en Rancho Boyeros, con la llamada “Ruta del Agua”; para concluir el día 16 con un acto central en la ciudad de Guantánamo.

Siempre con la coordinación del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, el 19 de mayo se realizarán lecturas en todas las provincias del país, situándose entre las más relevantes el “Guateque Supremo” que, como tributo al Indio Naborí, se celebrará en Güira de Melena.

Convocado por el Centro Cultural CubaPoesía y con el auspicio de la UNEAC, junto a varias instituciones, el Festival Internacional de La Habana persigue fomentar una dimensión comunitaria para la literatura, con lecturas en escuelas y espacios públicos; al tiempo que pone la poesía al alcance del público en soportes tan diversos como la escritura, el poema musicalizado, el hip hop y el Punto cubano.

La cita incluye el foro ambientalista “Amazonía, Madre Tierra Agua nuestra de cada día”, el Encuentro de Poetas en Defensa de la Humanidad; un homenaje a Ernesto Che Guevara en su aniversario 90; al igual que actos en memoria a José María Heredia y a su amigo el poeta mexicano Ignacio Rodríguez Galván, entre otras acciones.

Al evento se esperan asistan prestigiosos autores, como la estadounidense Rita Dove, Premio Pulitzer; Alexandra Orichova, Poeta Laureada de Rusia; el peruano Hildebrando Pérez Grande, Premio Casa de las Américas; Rahad Saeed, Presidente de los Escritores de Pakistán y el destacado profesor italiano Antonio Nazaro, por solo mencionar algunos.

(Tomado del sitio CUBARTE : http://www.cubarte.cult.cu/periodico-cubarte/preludios-del-festival-de-poesia-de-la-habana-por-adalys-perez-suarez/ )

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Fina García Marruz: Envuelta en su propia alma.

 Este 28 de abril cumple 95 años la poetisa y ensayista Fina García Marruz, una de las voces liricas del Siglo XX y única sobreviviente del núcleo fundacional del Grupo Orígenes. Defensora de la obra del Apóstol José Martí, ¨ese gran misterio que nos acompaña¨ y galardonada con el Premio Nacional de Literatura 1990 y los Premios Iberoamericanos  ¨Pablo Neruda¨ y ¨Reina Sofía¨. En los últimos años, esta gran poeta cubana permanece alejada de los predios públicos, por su salud y tras los decesos de su esposo, el intelectual Cintio Vitier, y de su hijo, el músico Sergio Vitier.

 Esta bitácora poética-cultural tiene el honor de reproducir una entrevista suya, realizada por el periodista Mario Cremata y publicada hace 2 años por el periódico ¨Juventud Rebelde¨.

Fina García Marruz: Envuelta en su propia alma.

-¨Ir tras el sendero de Martí, con el pecho abierto¨-; eso aconseja a los jóvenes, en la hora actual, quien en palabras de María Zambrano ha sabido realizar «esa hazaña que es escribir sin romper el silencio, la quietud profunda del ser»

Fina García Marruz y Cintio Vitier en su juventud.

Autor: Mario Cremata Ferrán
20 de Febrero del 2016

Como no sea la huella de la edad, nada en ella parece haberse transformado demasiado durante los últimos 70 años. Baste si no aquella caracterización que de la entonces muy joven poeta y ensayista hiciera María Zambrano en La Cuba secreta, el invierno de 1948 en la revista Orígenes: «Fina García Marruz, recogida, envuelta en su propia alma, realiza esa hazaña que es escribir sin romper el silencio, la quietud profunda del ser».

Su timidez y discreción son legendarias. Hasta la muerte de Cintio Vitier —más que esposo, cabal mitad martiana—, prefería que fuera la voz de él la que se atendiera. Ahora, a las puertas de los 93 años, es comprensible que apenas salga de su apartamento. Cuando se ve urgida a hacerlo, casi siempre la motivación es José Martí.

En una vida tan larga, solo en contadas ocasiones, escasísimas, ha permitido que se viole su intimidad. Entonces no podría aportar razones convincentes acerca del porqué de esta concesión grande, y tal vez es mejor que así sea, para que permanezca como uno de esos misterios que le son tan caros. O acaso podría acudir a una de sus Visitaciones: «Cuando el tiempo ya es ido, uno retorna/ como a la casa de la infancia, a algunos/ días, rostros, sucesos que supieron/ recorrer el camino de nuestro corazón».

—Cintio me dijo una vez que para entender a Martí lo primero era «probarlo, sentir su sabor»; entonces usted añadió que se trataba de un encuentro personal, de «un descubrimiento íntimo», y que uno debía descubrir a su propio Martí… ¿Qué definiría ese «sabor» esencial?

—Esa es una pregunta que yo llamaría «incontestable», porque es que en ello reside su grandeza. Lezama me decía, con razón, que algunas veces uno quisiera que Martí no fuera un límite, y que nadie pudiera siquiera aventurar otra posibilidad. Él trató de definir a Martí, y esa preocupación lo llevó a encontrar lo mejor que, a mi juicio, se ha formulado: «Es ese misterio que nos acompaña». Y yo agregaría: para siempre.

—Martí acertaba: «Con el amor se ve. Por el amor se ve. Es el amor quien ve». ¿Qué peso ha tenido el amor en sus días?

—Ah no, es costumbre vieja en mí el que ese tipo de cuestiones me desconcierte. Eso pertenece a la vida privada de cada quien. Siento que usted sabrá perdonar, o comprender, mi personal capricho.

— ¿Al menos confirma al amor como energía revolucionaria en José Martí?

—Ha sido el único caso en la historia de un hombre que organizó una guerra sin odios. Amaba a España, de hecho, como es bien sabido, sus padres venían de allá. Estaba en contra del mal Gobierno español. Solo sintió odio cuando fusilaron a los ocho estudiantes de Medicina, pero supo controlarlo. Fue más bien espanto, indignación natural ante la injusticia.

«El organizador revolucionario nace en el Presidio. Allí comprendió que era irrealizable construir, con odio, una revolución triunfante. Pensaba que nuestra batalla obedecía a la justicia, no a la venganza. Con sus encendidos discursos, convirtió en amigo al peor de los enemigos. Prendió la llama del amor.

«Recuerde que Martí creía en el mejoramiento humano. Para él, un hombre es esencialmente bueno y siempre es posible salvarlo, hacer emanar la bondad oculta, como un don de gracia. Por esa convicción, en Tampa los tabaqueros lo aclamaron Apóstol».

—Al evocar «esa prisa profunda de su vida», y concretamente los minutos finales del héroe, ha vaticinado cierto «impulso ideal de morir». ¿A qué se refiere?

—Ahí tiene usted una biografía fundamental que se llama Martí, el Apóstol, que pudiera haber ahondado en ese episodio, pero sucede que Mañach, presionado por publicarla, reconoció no haber dedicado el tiempo necesario a indagar sobre los últimos tres años de su vida.

«Pienso que eso se patentiza en su letra. Se torna ella cada vez más apresurada, nerviosilla, como susceptible a un vértigo que va desfigurando la caligrafía. Por eso quienes más se han ocupado de ordenar e investigar sus originales, hablan de las varias letras de Martí. Los manuscritos de 1894 y 1895 son realmente premonitorios. Anuncian ese hondo advenimiento, ese sacrificio ulterior, al que se sabía destinado…».

—Y que se consumó en Dos Ríos…

—Debo decirle que aunque sí a Santa Ifigenia, nunca fuimos ni Cintio ni yo a Dos Ríos. Acaso temíamos derrumbarnos, por la impresión enorme que causa pisar aquel escenario, según nos contaban quienes lo han hecho.

—En efecto, hay una atmósfera que sobrecoge, un silencio realmente extraño.

—El silencio también habita en la poesía. Y su vida ha sido como un poema infinito.

—Si se piensa en hombres de su temple, ¿cuál sería la diferencia entre azar y destino?

—Cintio me señalaba: ¿Qué será sentir? A Martí lo vimos mirándose pensar y lo pensamos en su sentimiento. El pensamiento invade al sentimiento y también el segundo lo hace con el primero, aunque ninguno de los dos actúa a nivel más alto. Hay un raro, invisible equilibrio. Tal vez esa transparencia sea el destino.

Esencia de la poesía

—Pasados los 90 años de edad, ¿qué es para usted la poesía?

—Sigue siendo un secreto, un impulso que no sabría explicar. Es lo desconocido, la esencia que se nos revela. Cocteau, quizá ironizando o como apelación a la objetividad, advertía: «Sé que la poesía sirve para algo, lo que pasa es que no sé para qué». Acuérdese que un misterio es también aparición.

—Mencionaba la palabra «esencia», y usted se me antoja escrutadora de esencias, más que de ideas y propósitos.

—Puedo decir que me identifico mejor con lo esencial. Una cosa es simple por eliminación de elementos; lo sencillo es lo más exacto. Siempre he pensado que la forma llana es más abarcadora y elocuente.

—Eso se refleja en su poesía, donde prevalece la simplicidad. Es decir, sin ser simplista ni mucho menos, no tiene nada que ver con el barroquismo lezamiano…

—Es que para mí la poesía es lo humilde.

— ¿Ya no la hace nacer?

—La poesía es muy huidiza, ¿sabe?, a ratos huraña; cuando viene hago el intento de atraparla, pero a veces se resiste y sigue de largo, y otras soy yo misma la que adopta este camino.

—Dicen que anda usted reescribiendo inéditos…

—Hace un tiempo lo hice; ya apenas puedo. Pero debo advertirle que solo escribo o reescribo sobre los escritores que amo. No cultivo la paradoja. Por ello, al que no me interesa, no le regalo ni siquiera una crítica negativa.

«Desde joven he compartido una afinidad con Gastón Baquero, uno de los amigos de Orígenes: buscar en un autor que no fuera muy conocido, tal vez tildado de malo o incluso de cursi, el costado estimulante, la nota de color. Algo de esto intentamos Cintio y yo con aquella Flor oculta de poesía cubana, que logramos publicar en la época de la Sala Martí de la Biblioteca Nacional.

«Es que el poeta malo también es poeta ¿no? Ay, hablándole de lo cursi me ha hecho pensar en Agustín Lara, el poeta-cantor de María bonita, quien decía que cursi es lo que llama otro cursi a un sentimiento no correspondido».

— ¿Y todavía le anima asomarse al ensayo?

—Hasta hace poco escribí más ensayos. Por cierto, que a Miguel de Unamuno no le complacía en nada ese calificativo. Ponía el ejemplo del pintor, quien no presenta nunca al público los esbozos de sus cuadros, sino la obra acabada. «A ensayar a casa», repetía. Era muy sincero y original.

Se cuenta que cierta vez, enfrente de altas dignidades presentes en una ceremonia donde lo condecoraban, dijo: «Gracias, majestad; lo merezco». El rey quedó tan perturbado que solo pudo confesarle: «Usted siempre tan singular, Don Miguel, es el primero en afirmar tal cosa. Los que por aquí han pasado siempre lo contrario dicen: “Lo agradezco, pero no lo merezco”…». Imperturbable, Unamuno contestó: «No se inquiete: ellos también tienen razón».

«Sin embargo, analizándolo bien, después de todo “ensayo” no es una categoría ambiciosa; es más bien modesta. Pero pensando en Martí, quien siempre prefirió acuñar la “crónica”, y que nunca citaba —algo que yo sí he hecho bastante, para ahorrar tiempo al lector y que no tuviera que leerse de antemano los 28 tomos de sus Obras Completas—, nunca he escrito en verdad un “ensayo”, sino una “invitación a la lectura”».

—A propósito de la lectura: ¿qué tal si, además de ordenar la papelería, se ocupa de la biblioteca?

—A mi edad eso sería demasiado agotador. Además, me causaría desilusión.

—¿Por qué lo dice?

—Sucede que soy una persona distraída, y a lo largo del tiempo los atracos a esta biblioteca han sido interminables. Cuando Cintio y yo regresábamos de algún viaje, notábamos algunos títulos en falta y otros indicios de que nuestro estudio había sido saqueado.

«Cierta vez, recorriendo las calles de La Habana divisamos en una librería de uso uno de los ejemplares que Lezama nos había dedicado. Lo único que lamenté profundamente entonces fue no tener la elevada cifra de dinero que el vendedor exigía.

—Su anécdota me ha hecho recordar aquel pasaje de Hablar de la poesía donde cuenta cómo a los 17 años, cerca de la Universidad, un infeliz le arrebató el bolso. Dentro, un tratado sobre la poesía que le costó muchos desvelos y apenas cinco centavos…

—Esa fue una historia tristísima. Siempre he pensado que ese pobre aprovechado de mi candidez y habitual despiste tuvo que maldecirme mucho, porque imaginó encontrar beneficio material. Debió quedar francamente desconcertado al toparse con esas páginas inservibles. Desde entonces, no he sentido más que compasión hacia él.

«Reconozco que debo tener cierta atracción para los ladrones, sobre todo los de libros. En vista de lo cual he decidido intentar un diálogo con él o ellos. Coloqué, visible, lo que he dado en llamar Carta al ladrón, y donde, en un tono de intimidad, le solicito, entre otras cosas, que debemos hacernos grandes amigos, puesto que tenemos los mismos gustos».

—A expensas de los libros hurtados y de su réplica ingeniosa, ¿no echa de menos usted viajar?

—Para serle franca a mí no me ilusionan mucho los viajes, al contrario de Cintio, quien sí los disfrutaba. No obstante, acompañándole lo hice en varias oportunidades, y no me arrepiento.

—Lezama Lima tampoco sentía predilección por trasladarse a regiones distantes, como no fuera con su prodigiosa imaginación…

—Así es. Él leía incansablemente, se informaba, imaginaba; a partir de esas lecturas creaba… No contemporizaba ni con los aviones. Siempre me decía: «Yo soy el peregrino inmóvil, porque solo el pensar que una lámina de aluminio me separe de la eternidad, me produce escalofrío».

— ¿Qué opinión le merecen los premios a alguien que ha recibido tantos en años recientes?

—No me apetecen los premios. Siento que me desbordan. Pero sé decir la palabra más bella del idioma: gracias.

— ¿Dónde queda entonces la Orden José Martí?

—Esa es una condecoración de otra naturaleza. Es muy grande en verdad ese premio. Tanto, que yo me puse demasiado turbada cuando me lo comunicaron, pues me cogió de sorpresa. Luego, durante la entrega, no tenía palabras, no se me ocurría cómo agradecer ese gesto de amor.

«Mi hijo Sergio*, que no ha perdido la capacidad de mimarme, me dijo: “Mamá, te voy a ahorrar esta preocupación…”; tomó un papelito y me anotó las ideas esenciales, las pocas palabras que pude pronunciar. Por suerte creo que todo salió bien.

«Después, Raúl estuvo charlando unas dos horas conmigo y con el resto de mi familia, narró historias de la Revolución, acciones, planes, proyectos… Al finalizar, le dije: “Quiero agradecerle inmensamente por este día, en que hemos tenido el gusto de escuchar en la voz de un protagonista estos relatos que solo conocía de oídas o por haberlos leído”.

«Al regresar a casa, todavía alelada, las emociones no pararon. Ya tarde, a solas, me fui a un rinconcito donde tengo colocada una foto de Fidel entregándole a Cintio la Orden José Martí, acompañada de la medalla. Y puse al lado la mía».

Álbum de la amistad

—Cintio gustaba de rememorar el día en que Eliseo Diego y él divisaron a las hermanas Bella y Fina, dos muchachitas que resaltaban por sus boinas…

—Esas boinas nos las trajo como obsequio papá, de un viaje a Barcelona… A veces lo recuerdo; o me veo, primero del brazo de mi padre —enfermo ya— y luego del de Cintio. La Iglesia del Carmen engalanada. Nuestra boda, hace ya tanto que no recuerdo cuándo…

—Fue el 26 de diciembre de 1946. Pronto hará 70 años.

— ¿Setenta? Vaya…, son muchos. Parece que apenas voy quedando yo. Solo Dios sabe hasta cuándo.

—Tengo entendido que en su casa de Neptuno comenzó todo. ¿Existe todavía?

—No sabría decirle. Quedaba próxima al Ten Cent de Galiano y a otra casa de ventas renombrada, que ahora no recuerdo. ¿Por qué nos fuimos de allí? No debimos hacerlo. Extraño mucho esa casa, todavía más que la de la Víbora, donde permanecimos muchos años. ¡Qué tiempos hermosos aquellos de Neptuno 308! En el segundo piso, porque a mamá siempre le gustó vivir en altos…

—Deje a un lado la nostalgia; le propongo pensar en los versos que en prenda de gratitud dedicó a ese sitio entrañable…

—Ay, qué propio de usted llevarme a épocas remotas (Fina los recita, con su cadencia especial)… «La casa de Neptuno aún me guarda,/ a mi difunta edad la ronda leve,/ guarda mi abrigo, mi cuaderno guarda,/ y mi oscuro paraguas cuando llueve»…

—Allí también se dieron cita los futuros origenistas; ¿a quienes recuerda con más intensidad?

—Gozosa los abrazo a todos, uno por uno, como a la familia que nos está destinada.

—Si le pidiera caracterizarlos, así sea brevemente, ¿aceptaría?

—A ver, podemos intentarlo…

—Aunque parezca previsible, empiezo por José Lezama Lima…

—Y se lo agradezco. Ya le hablé de él. Nosotros teníamos admiración infinita por Lezama. Tengo dentro, conservada en el oído, la voz de Lezama. Con frecuencia decía algo serio, y acto seguido lo contradecía, apelando a una de sus risueñas, irónicas frases.

«Era asmático, pero en tal grado que no podía pronunciar muchas palabras sin aspirar. Tomaba aire (imita su dejo asmático): “Porque habito un susurro como un velaa-men,/ una tierra donde el hielo es una reminiscen-ciaa…”. El asma se lo comía. Sin embargo, las columnas salomónicas de Trocadero lo retuvieron de un modo inexplicable, por más que allí se le dificultaba respirar.

«Recuerdo los reclamos de Baldomera, su nodriza, la doméstica fiel que lo atendió desde niño y que en Paradisoaparece como Baldovina. Él, para desquitarse, la mortificaba: “Usted por qué mejor no destina parte del dinero que le doy y va a darse un gusto”. Y ella: “Figúrese, si usted que ha escrito tantos libros no lo sabe…”.

«Aunque en las fotografías rara vez sonríe, no creo que fuera triste, y tenía eso que llaman sentido del humor. Lezama tenía más: tenía toda la grandeza reflejada en el rostro».

—Agustín Pi.

—«Nadie lo vio llegar nunca/ ni nadie lo verá ir./ Uno vuelve la cabeza:/ es Agustín». Agustín Pi Román, el amigo absoluto de todos nosotros. «El turco sentado» dio en llamar él a las reuniones que hacíamos en mi casa de Neptuno. Era muy simpático, llevaba la vida en un estado de broma. Así, habiendo otras personas que él no conocía, se le ocurría dirigirse en voz alta a mi hermana: «Eliseo sobra». Como es lógico, el visitante quedaba perplejo.

«Pero óigame esta bonita reminiscencia de la amistad: días atrás, un sábado, tropecé con una silla y caí. El golpe fue dolorosísimo. Tanto, que vino a reconocerme un médico, para descartar fractura: un ortopédico que se me presentó como “el doctor Agustín Pi”. Entonces exclamé: “Agustiniiito”. No lo podía creer. El hijo de Agustín».

—Octavio Smith.

—«…y destronado fui mientras dormía». El notario eterno de La Habana Vieja. El que en su bufete nos casó a todos y se quedó soltero. Nervio, alma…, un alma que parece haber sido muy feliz de niño. Agustín le llamaba «El simple», pues tenía ostentaciones muy graciosas. Afirmaba, por ejemplo, que venía de hacerle una visita al Papa, y le había preguntado: «Señor Papa, ¿cree usted en Dios?». Y ahí se explayaba en otras historias descabelladas, por el estilo.

—Cleva Solís.

—Cleva querida, diáfana, todo acento, espacio puro. Hora dichosa la del encuentro con ella. Con toda justeza le digo: fue nuestra amiga la vida entera, una hermana.

—El padre Ángel Gaztelu.

—Solemne, no por el hábito sacerdotal. A pesar de no buscar excepcionarse, su majestad y limpia vida hacían estéril cualquier pretensión de no sobresalir. Fue quien nos casó a todos —ante Dios—, y el autor de un cuaderno iluminado: Gradual de laúdes.

—Gastón Baquero.

—Gran poeta y periodista rotundo. Tanto, que el hijo de Pepín Rivero lo escogió como Jefe de Redacción del Diario de la Marina cuando el periódico agonizaba. Y Gastón lo reformó admirablemente. Desde luego, como le decía, es antes que todo, poeta. Tiene poemas memorables a propósito de Lorca, de Vallejo… Pero fuera de Cuba y movido más por el resentimiento, escribió cosas indefendibles.

—Virgilio Piñera.

—En Virgilio casi todo es destrucción. Si no, vea nada más cómo tituló el poema que hace un rato usted puso en mi mano: La destrucción del danzante. Es uno de sus poemas olvidados, incluso por él mismo, y que dio a conocer en Clavileño. Lezama, que a veces cometía murmuraciones y otras prácticas, un poco castigando su fiereza se refería a él como «oscura cabeza negadora».

—Agoto mi lista, incompleta, desde luego, con Julián Orbón, de quien me han dicho era el mejor amigo de Cintio y suyo.

—Ay, no me hable de ese; para mí es sagrado, un verdadero prodigio. En las semblanzas que escribí sobre mis amigos de Orígenes, dije que lo sentía más cerca, inmediato; «mas, ay, sentado en el piano/ un duende de lejanía/ era la mano». Eso viene de la «honda lejanía» a que aludió Falla. A Julián le gustó tanto que cada vez que nos veíamos o nos comunicábamos, me pedía: «Vuélvemelo a decir, que se me ha olvidado».

—Ustedes compartían esa otra afinidad que es la sensibilidad musical.

—La música nos unió más, por supuesto, también a Cintio, que como usted conoce tocaba maravillosamente el violín, sobre todo las sonatas de Beethoven: la Primavera, su preferida, luego la Kreutzery tantas más. «Cintio queridísimo y Finucha de mi alma», nos decía Julián. Siempre veo ese retrato suyo (señala al librero) y me pongo a pensar… Yo hablo con todos mis retratos. Pero con ese, me digo: Julián, un genio… Miro su retratico y me consuelo un poquito.

—¿Quiere decir que practica usted la contemplación?

—«Contempla el cielo con los ojos del espíritu», suplicaba Goethe. Pero debo decirle que la contemplación no es algo «pasivo», sino la suprema actitud del espíritu. Y si no se divisa el bien, no es posible realizarlo. No se lo digo por mí. Piense otra vez en Martí, el último gran héroe.

—Desde esa otra fotografía nos insta María Zambrano…

—Aguda, toda ella intuición cautivante. También se me quedó grabada la voz estremecida, sobre todo cuando hablaba de su vivencia de la España herida, de Lorca. Aquellos seminarios donde nos deslumbraba a todos… Soy su deudora. Qué dicha que estuviese varios años entre nosotros.

—La Zambrano hacía notar la falsa creencia de que se imprimía ánimo y seguridad a los jóvenes con aquello de que «tienen la vida por delante», cuando es justamente ese «tener» e ignorar qué hacer, lo que produce angustia. ¿Qué transmitiría usted a los jóvenes de la hora actual?

—Ir tras el sendero de Martí, con el pecho abierto, para intentar alejar la desesperanza. Léanse su epistolario, las cartas a María Mantilla, los Versos sencillos —autobiográficos, casi todos—, los diarios… sin desmedro de La Edad de Oro, donde quiso, como él dice, «llegar de forma sincera y llana a los niños». Y me parece que la universalidad de su ideario está refrendada en el libro Diálogo sobre José Martí, el Apóstol de Cuba, larga entrevista que le hiciera a Cintio el japonés Daisaku Ikeda.

—«La vida humana sería una invención repugnante y bárbara, si estuviera limitada a la vida en la tierra», suscribió Martí. Como intuyo que coincide con ello, me atrevo a preguntarle, con el riesgo de perturbar otra vez su intimidad: ¿cómo imagina el reencuentro con Cintio?

—Ah, Cintio…, esa distancia que me falta. Mi claridad, porque yo lo he visto todo en los ojos de Cintio. He visto el mundo; hasta me he visto a mí misma… Él «supo morir», como confiaba Martí, pero solo se extinguió para volver a encenderse. A veces pienso que no podríamos reencontrarnos, porque nunca nos separamos. Cómo recobrarlo, si está a mi lado, si su mano querida sigue siempre en mi hombro. Cuán desdichada sería yo sin esa inspiración moral, sin mi plenitud suficiente…

—Otra vez me obliga usted a acudir a Martí y aquella frase, lapidaria en toda su belleza: « ¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!».

— ¿Quién no ha tenido varias muertes? «A veces pienso/ que el día lucirá igual/ cuando yo me haya muerto»… Créame que no la ruego, pero tampoco la espanto. Y procure no olvidarlo nunca: bella es toda partida.

(*)-Poco después de esta entrevista, falleció su hijo y músico cubano Sergio Vitier a los 68 años de edad, víctima de un accidente cerebrovascular .

 

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