Rolando Peña: tributo a un teclero.

Rolando Peña.

Las teclas de esta bitácora digital vuelven a escribir sobre la despedida de otro amigo. En días pasados falleció en La Habana el actor de radio y televisión Rolando Peña, a quien todos recuerdan por su reciente interpretación de un viejito que padece Alzheimer  en la telenovela En tiempos de amar. Rolando fue también el padre del joven director Roly Peña.

Sin embargo, voy a escribir sobre un pasaje de la vida de Rolando Peña que es poco conocido  por el público. Rolando fue una de las personas, que convidadas desde las páginas del periódico ¨Juventud Rebelde¨  por el periodista Guillermo Cabrera Álvarez , se unieron a la Tertulia de la Tecla Ocurrente que cada mes se reunía en el Hueco del Instituto de Periodismo ¨José Martí¨ en G y 21. Allí, cada tarde, entre tecleros, Rolando nos confesó detalles y anécdotas de su vida personal y profesional. También descubrimos en él a un escrito nato y algunas narraciones suyas participaron en concursos del periódico e, incluso, obtuvieron premio.

Un día Guillermo organizó con su tropa teclera celebrar una gran tertulia nacional en el centro del país, Guaracabulla, para que contáramos sobre el centro de nuestras vidas a la hora que marca el centro del día. En aquellos preparativos, el Genio (como lo bautizó el Comandante Fidel Castro) le asigno a Rolando Peña una misión especial: declamar el poema ¨Parada en Guaracabulla¨ del poeta Raúl Ferrer. Fue una sorpresa para él que lo consideró uno de los momentos más importantes de su vida como actor. El 1 de junio del 2007, la gran Tertulia de Guaracabulla abrió con los versos del poeta cubano que vibraron en la voz del actor. Fue la tertulia donde unas horas después, el Genio dio su adiós y quedó sembrado en el corazón de Cuba.

Junto al poema de Raúl Ferrer, rescato de los archivos del sitio web de Juventud Rebelde un texto suyo, ganador de uno de los concursos de la Tecla conocido como las Camiladas y que es dedicado al Comandante Camilo Cienfuegos. Para Rolando Peña, ese sencillo ser humano, sea este homenaje. A sus hijos y familia mi más sentidas condolencias.

Nevalis Quintana Fernández.

PARADA EN GUARACABULLA

¡Qué dulce debe ser
vivir aquí en Guaracabulla!
¡Junto al guajiro que a los trenes viene
con esa ingenua transparencia suya!

Las lomas azuladas en la tarde,
noche que con los astros se encocuya,
mansa quietud del pueblecito aislado.
¡Sueño sin bulla!

Un día sacaré
mi boletín hasta Guaracabulla.
¡Quiero entrar a vivir el sol tranquilo
que al crucero del tren tanto me embulla!

¡Ojalá no me digan que en las lomas
o en el palmar donde la brisa arrulla,
no tienen los muchachos una escuela
ni permite un señor que se construya!

¡Ojalá no me encuentre campesinos
trabajando la tierra que no es suya,
logrando su cosecha de sudores
para que venga el amo y se la engulla!

Denunciaré esa paz de ruda cáscara
vista con ojo de furtiva grulla,
romperé la quietud del pueblecito,
en el café se formará la bulla.
Dormiré en el cuartel, y al día siguiente
saldré amarrado de Guaracabulla!

Raúl Ferrer.

Coopere con el artista cubano

Uno de esos días en los primeros meses de 1959 en que Fidel hablaba por televisión al mediodía, se encontraban, como casi siempre, muchos «barbudos y peludos» —que era como le decíamos a los rebeldes que habían bajado de la Sierra— en la cafetería Arcada de la CMQ.

(…) Estaban esperando que llegara Fidel, para subir al estudio donde hablaría. (…) Al llegar yo con mis billetes, lo primero que veo es que cantidad de niños —limpiabotas, cantantes, vendedores de periódicos, limosneros, en fin, todos—, estaban dándose tremendo banquete de arroz con pollo, que ahí era muy caro. Cuando pregunto cómo era aquello, me dicen que fuera donde estaba Camilo y ya, que él me invitaba.

A mí me dio pena decirle directamente que me pagara el almuerzo y le dije: «Camilo, cómprame aunque sea un pedacito de billete», a lo que él me respondió: «No, nosotros no jugamos; pero si tienes hambre siéntate y come, que te invitamos».

(…) Hay dos cosas de ese momento que nunca he olvidado. En un momento Camilo le dice al Che, que estaba conversando frente a él: «¿Qué tú crees de esto, argentino?». Se refería a nosotros, los niños de la calle, que en Cuba había muchos cuando aquello. A lo que Che le dijo: «Todo esto también se acaba, Camilo. Ya oíste lo que dijo Fidel anoche».

Lo otro que recuerdo siempre con alegría, es que yo tenía una gran preocupación por el pago de todo aquello que estábamos consumiendo, porque sí era verdad que los rebeldes cobraban poco, y además, no se iban sin pagar como hacían los del gobierno anterior.

Ya me parecía que se formaría un gran lío. De pronto llegó un rebelde y le dijo algo bajito a los dos Comandantes. En cuanto ellos se pusieron de pie, ¡fue como un resorte!, todos los demás lo hicieron también. Parece que Fidel había llegado y tenían que subir.

De pronto, Camilo dijo —igualitico que lo decían los que cantaban en las guaguas—: «Arriba, señores, cooperen con el artista cubano. El que no tenga menudo que lo eche entero». Se quitó el sombrero y «pasó el cepillo». De esa manera tan original se resolvió el pago del banquete infantil.

Rolando Peña Portillo.

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