Abrazo carioca a Miguel Barnet

Durval de Noronha Goyos Júnior, Presidente de La Unión Brasileña de Escritores entregó al poeta, narrador, ensayista y etnólogo cubano Miguel Barnet la medalla Jorge Amado. Foto: Liesther Amador

“Cuántos caminos entrecruzados, cuántas historias compartidas,

cuánta poesía de parte y parte nos unen en este acto.

Brasil y Cuba, Cuba y Brasil a una voz se juntan y fortalecen”

Miguel  Barnet

Como símbolo de los lazos de amistad, solidaridad y fraternidad entre Cuba y Brasil, así como en reconocimiento a nuestro más reciente proceso libertario, le fue entregada la orden Jorge Amado al escritor Miguel Barnet, en acto solemne celebrado en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac). La medalla, la más alta condecoración de la Unión Brasileña de Escritores (Ube), fue recibida por Barnet de manos del Dr. Durval de Noronha Goyos Jr., presidente de esa institución.

El lauro subraya la esencia del pueblo carioca y los valores más altos de su civilización. Lleva el nombre de uno de los escritores más universales del llamado gigante del sur, autor de novelas como Doña Flor y sus dos maridos y Tieta de Agreste, ambas llevadas al cine.

En abril de 2019, la directiva de los literatos brasileros, se reunió en plenaria y decidió otorgar el reconocimiento a Barnet, por considerarlo como “uno de los escritores cubanos más importantes del mundo y autor de tres novelas: Biografía de un cimarrón, Canción de Rachel y Gallego, todas traducidas en Brasil”, según afirmó Durval en palabras introductorias.

El también novelista y periodista brasilero, se refirió a los puntos en común entre Biografía… y la amplia obra de Jorge Amado, “es un clásico literario, tanto por su valor literario como por el sustrato sociológico con raíces populares, semejante a la obra de Amado; Barnet narra con la voz de pueblo… ha escrito magistralmente con gran sensibilidad sobre Cuba y su formidable gente”, sentenció.

Durval, amigo de Cuba e identificado con su revolución, comentó sobre el absurdo bloqueo que por cerca de 60 años mantiene Estados Unidos a nuestro país. “Es un acto de guerra; se ha convertido más que en una vergüenza, en una desgracia y acción genocida para los cubanos”, concluyó. La junta directiva de la Ube condenó este proceder histórico del poderoso del norte.

Por su parte, el laureado valoró la condecoración como un reforzamiento de las relaciones entre Cuba y Brasil. Destacó la impronta de Jorge Amado en el lector y la cultura cubana, así como su particular defensa del legado africano en Latinoamérica a imagen y semejanza del sabio cubano Fernando Ortiz. 

“Hay en la narrativa de Amado el magma del mestizaje y de lo que el legado africano representa en la cultura y la sociedad brasileña: los negros, los mulatos, la gente de piel trigueña y condición humilde; los esclavos, los peones, los braseros de los puertos; el candomblé, la macumba, las madres de santos; los orishas, tan emparentados con los nuestros; y la irrenunciable vocación de justicia y la alegría de vivir de los pobres y los desposeídos en ese país”, concluyó Barnet.

El también etnólogo y poeta reciprocó el galardón con la entrega de un original del artista de la plástica Choco al Dr. Durval de Noronha Goyos Jr.

La medalla Jorge Amado ha sido otorgada a seis personalidades del mundo, entre ellas al Dr. Daisaku Ikeda, presidente fundador de la Soka Gakkai Internacional, la mayor organización budista laica del mundo.

En el acto estuvo presente Fernando León Jacomino, viceministro de Cultura; Luis Morlotte, presidente de la Uneac; Pedro de la Hoz, vicepresidente de la Uneac, representantes de todas las asociaciones de esa institución, intelectuales, artistas y público en general.

Palabras de Miguel Barnet en la ceremonia de entrega de la medalla Jorge Amado de la Unión Brasileña de Escritores

Miguel Barnet durante la entrega de la medalla Jorge Amado de la Unión Brasileña de Escritores. Foto: Liesther Amador

Cuántos caminos entrecruzados, cuántas historias compartidas, cuánta poesía de parte y parte nos unen en este acto. Brasil y Cuba, Cuba y Brasil a una voz se juntan y fortalecen. Quiero subrayarlo no solo en mi nombre, sino en el de todos los creadores cubanos, pues  pienso que a ellos, en primer lugar, les pertenece la Medalla Jorge Amado con la que me distingue la Unión Brasileña de Escritores.

Cuando me informaron que la UBE había decidido otorgarme tan honroso reconocimiento, pensé en las huellas que Jorge Amado ha dejado entre nosotros. Huellas de una entrañable y perdurable permanencia, tanto por sus obras como por la solidaridad.

En nuestro país son conocidas sus novelas. Existen ediciones cubanas de Cacao, Jubiabá, Mar muerto, Capitanes de arena y Tierras del sin fin, con las que comenzó a desarrollar una de las carreras literarias más exitosas del continente durante el siglo pasado.

Está vivo el entusiasmo con que nuestros lectores se volcaron hacia las páginas de Doña Flor y sus dos maridos, Tienda de los milagros y Tieta de Agreste luego de admirar las adaptaciones fílmicas.

En una apropiación mucho más orientada a la política, muchos encontraron en El caballero de la esperanza las claves para entender el talante combativo de Luiz Carlos Prestes, adalid de las ideas marxistas en Brasil y luchador por la justicia  social.

Tuve la   dicha de conocer personalmente a Amado y departir con su compañera Zelia. Ambos ganaron nuestra simpatía. Amado había llegado a Cuba para participar como jurado en el Octavo Festival del  Nuevo Cine Latinoamericano y en esa fiesta de la pantalla continental fue honrado con un Coral de Honor, compartido en memorable jornada con el colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Fernando Birri, el italiano Gian María Volonté y el estadounidense Harry Belafonte, todos grandes amigos de nuestro pueblo.

En esa oportunidad, Amado se definió a sí mismo de una manera que nos es muy cercana. Expresó entonces:

“Me gusta decir Afrolatinoamérica, -como la calificó Bolívar- porque tenemos un componente africano que desconoces cuando dices Latinoamérica. Yo no soy latino, soy medio latino. Mi abuela materna era india. Un bisabuelo era negro. ¿Cómo que yo soy latino? Soy latino y soy indígena y soy negro. Sobre todo culturalmente, soy más negro que cualquier otra cosa. Más negro que latino”.

Aquí podríamos decir lo mismo. Como todos saben, tuve a mi mejor maestro en Fernando Ortiz, el más grande científico social cubano de todos los tiempos. Él comprendió, como nadie lo había hecho hasta entonces, que Cuba no sería lo que es sin el aporte africano. Él me abrió las puertas hacia un  conocimiento profundo e integral del ser cubano, en su complejidad y mestizaje. Tienen razón quienes advierten confluencias entre la obra magna de Don Fernando y la del brasileño Gilberto Freyre. Es imposible obviar la contribución de este último al estudio de la identidad brasileña, sobre todo con Casa grande e senzala, que emula en importancia con el clásico orticiano Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar.

Sin  embargo antes de leer a Freyre hallé en la narrativa de Amado el magma del mestizaje y de lo que el legado africano representa en la cultura y la sociedad brasileña. Los negros, los mulatos, la gente de piel trigueña y condición humilde, los esclavos, los peones, los braceros de los puertos, el candomblé, la macumba, las madres de santos, los orishas tan emparentados con los nuestros y la irrenunciable vocación de justicia y alegría de vivir de los pobres y desposeídos en ese país gigantesco, penetró en mis pupilas y mi sensibilidad mediante la lectura de las novelas de Amado.

Entiendo perfectamente su percepción de sentir que no era él quien escribía sus libros, sino los personajes, como si tuvieran vida propia, ajena por completo a la voluntad del autor.

Y entiendo mucho mejor esta afirmación suya, que comparto a plenitud:

“Todo escritor tiene el derecho de crear su obra como mejor le parezca, sin que nadie, tenga el derecho de meterse con su creación. Debe ser completamente libre. Él debe hacer lo que quiere. Ahora, yo creo que si él es un escritor de su pueblo y de su tiempo, que trabaja en función de la lucha de su pueblo contra la miseria, contra la opresión, contra las dictaduras, contra todo lo que es feo, es sucio en nuestros países, que es lo que hay demasiado, su literatura será todavía más noble y cumplirá mejor su destino”.

No es casual que este acto tenga lugar en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, el primer presidente y fundador de la organización, Nicolás Guillén, fue amigo de Amado. Cuando Nicolás estuvo en Brasil a finales de 1947 encontró en Amado a un interlocutor familiar.

El poeta cubano guardó en su memoria el largo viaje que compartió con el novelista brasileño y sus respectivas esposas, Rosa y Zelia a bordo del tren transiberiano desde Moscú hasta Beijing, donde los colegas chinos le tributaron una cálida bienvenida.

Amado y Nicolás intercambiaban bromas. Como la que el brasileño le jugó a Nicolás en Moscú, en ocasión de recibir un célebre premio internacional. Nicolás escuchó junto a Amado en la televisión una larga tirada de versos suyos traducidos a la lengua de Pushkin, recitado con vehemencia. El bahiano redactó una nota, que entregó al traductor, para que este la hiciera llegar a Nicolás, supuestamente escrita por una admiradora moscovita, rendida ante el torrente lírico del camagüeyano. Guillén intuyó la verdadera identidad del remitente, por lo que dijo con suave ironía a Amado: “Cuando encuentres a esa admiradora que dice estar loca por mí, no te olvides de dictarle el número de teléfono”.

Amigos:

Agradezco el gesto de la Unión Brasileña de Escritores y la deferencia que ha tenido su presidente, Durval de Noroña Goyos Junior, al viajar a Cuba para hacer efectiva la entrega de la Medalla Jorge Amado.

Lo siento como un gesto amistoso y al margen de las intenciones de quienes, en tiempos de repuntes neoliberales y facistoides, pretenden fracturar la histórica proximidad entre nuestras culturas y pueblos.

Para concluir, a él y a todos los presentes, recuerdo el verso de una muy popular canción de Chico Buarque, de moda en los años 60 y plenamente adecuada para estos días: “A pesar de usted, mañana ha de ser otro día…”

Muito obrigado / Muchas gracias.

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