Mensaje de la Presidencia de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.

El 22 de agosto de 1961 nació la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Con su fundación los creadores dispusieron no solamente de una organización encaminada a hacer visible lo más avanzado de la producción artística y literaria del país, sino también a vincularse de manera activa en el proceso de transformaciones y pensar la cultura como patrimonio de la nación y factor esencial para el desarrollo social.
Apenas dos meses atrás, Fidel había sostenido un fecundo intercambio con un grupo de escritores y artistas, en el que pronunció el discurso conocido por Palabras a los Intelectuales, documento imprescindible en la temprana formulación de la política cultural de la revolución. La elección de Nicolás Guillén como primer presidente de la organización consagró la articulación entre las vanguardias política e intelectual en la nueva etapa histórica
Cincuenta y ocho años después, la Uneac renueva su compromiso con la creación, la defensa y desarrollo de los más altos valores éticos y culturales, y el destino de la nación. Para ello se inspira en el legado martiano y fidelista y trabaja por cumplir los acuerdos del IX Congreso de la organización, efectuado en junio pasado, y asume la exhortación del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz Canel, cuando llamó a trabajar “por hacer realidad todo lo que entiendan que aportará al bien de la nación, a su espiritualidad, al porvenir que quieren negarnos los que no han podido destruirnos”.
La Presidencia de la Uneac felicita a sus miembros en este aniversario, a los que desde diversos ámbitos contribuyen a la vastísima obra cultural en nuestro país, y ponen sus mayores empeños en cumplir con el mandato de Fidel en aquel congreso fundacional: “La obra de todos nosotros es el porvenir”.

Mensaje de Abel Prieto a los miembros de la UNEAC

La UNEAC nació dentro del espíritu unitario y antidogmático de las Palabras a los intelectuales de Fidel. Fue desde su gestación un espacio permanente, abierto, ecuménico, fecundante. Llegaron hasta ella los mejores creadores del país para contribuir a la gran obra educativa y cultural que se proponía llevar adelante la joven Revolución. Tuvo luego sus altas y sus bajas y se contaminó por momentos con etapas «grises».

En los años 90, en los peores días del Período Especial, Fidel se acercó mucho a la UNEAC. Se convirtió en un participante muy activo de los debates en los Congresos y en las sesiones del Consejo Nacional. Nunca olvidaré sus análisis vinculados al tema racial, a la marginalidad, al papel emancipador de la cultura y a su influencia en adolescentes y jóvenes «descarriados», a la confusión entre «lo yanqui» y «lo moderno» en aprendices de gerentes, a la guerra simbólica.

En el reciente Congreso, la UNEAC dio muestras de extraordinaria vitalidad y de una impresionante capacidad de convocatoria. Ahora empieza una etapa de trabajo muy duro para no defraudar las expectativas creadas. Un abrazo muy fuerte a Morlote y a su equipo en este aniversario.